martes, 5 de febrero de 2008
Paco de Lucía-Tio Sabas(Taranta)
Vaya Taranta que se pega aquí el Maestro, pone el vello de punta. Y además mete el trémolo de Fuente y Caudal, para que más...
lunes, 4 de febrero de 2008
Nuevos soldados para la guerra de siempre
La trinchera. Había llegado el momento de la renovación y entraron siete nuevos componentes l El tipo nos dio muchísimos quebraderos de cabeza porque por más bocetos que hacíamos no aparecía.

"La trinchera" logró el primer premio gracias a un repertorio donde brillaban las letras.
ESTABA terminando el verano y quedamos en casa de Rafael Velázquez. Allí ya algunos no se dirigían la palabra y esperaban mi respuesta. Yo ya tenía decidido con qué parte del grupo me quedaba pero ése no era el único problema; parte de ese grupo pedía una renovación y pensaba que era el momento adecuado, así que empezó la operación Gracias por todo, hasta luego. Lo peor de todo fue que yo aprobaba esa teoría y dejé que me lavaran el cerebro. Me puse de parte de Ángel Zubiela y yo, y nadie más que yo, fue quien dijo adiós a seis componentes. Días posteriores actuábamos en el Baluarte de la Candelaria y ya entonces teníamos dos nuevos guitarras, Miguel Ángel García Cossío, que se ofreció a salir en la comparsa una tarde que me lo encontré en una de aquellas ¿hermosas? Veladas de los Ángeles; y Moisés. El resto del grupo que nos quedaba para completar la formación, a excepción de Miguel El manta, llegó del mundo de los coros, Pepe Chulián, Pedro Espinosa y Augusto. Se me olvidaba, antes de que llegara Augusto estuvo con nosotros José Ramón, que tuvo que abandonar la comparsa por problemas familiares. Pero hubo otro cambio con el que no contaba, El chupa, que había traído a la comparsa a Paco Catalán decidió justo cuando empezábamos a ensayar no salir con nosotros, con lo que al final fueron siete las bajas del grupo.
Y nos pusimos a trabajar. Quién sabe, lo mismo mi subconsciente me jugó una buena pasada y me recordó que aunque con 'Sonri-sillas' me había adelantado a mi tiempo seguía teniendo siempre ahí como referencia a 'Los soldaditos' y ya era momento de pasar página, así que le dije a Ángel y a José Luis que quería representar a unos soldados de Cádiz en su trinchera. El tipo nos dio muchísimos problemas porque por más bocetos que hacíamos y más libros que leía no aparecía. La primera idea, para mi gusto la mejor, era adoptar el disfraz de soldado con la cara pintada de payaso y una flor en la punta de la escopeta, al estilo Charles Chaplin, o como algunos actores polacos que durante la Segunda Guerra Mundial actuaban para salvar sus vidas en esa maravillosa película titulada 'Ser o no ser', me refiero al remake que hizo Mel Brooks, obviamente. Pero no, no nos poníamos de acuerdo. También barajamos la posibilidad de representar un soldado de arena, pero tampoco. Al final planteé otra posibilidad: soldados de piedra, de piedra ostionera, escollera viva, con motivos marineros por toda su ropa. Otra vez un disfraz rígido y duro.
Los encargados de hacer el tipo fueron Jesús Pino, Augusto y la que por entonces era mi mujer. Lo cierto es que crearon una obra de arte y ese año sí me hice el tipo. Hace poco regalé lo último que me quedaba de mis comparsas, el casco de 'La trinchera'. Después de intensos debates y horas y horas de trabajo les puedo asegurar que quedó un disfraz de lo más bello. Debo aclararles una cosa, el año de 'El brujo' hice tres pasodobles, musicalmente hablando, claro, porque nunca nos quedábamos completamente satisfechos y eso me valió para los dos años siguientes, con algunos sutiles cambios porque lo que lleva mucho tiempo cocinado evidentemente, no sabe bien.
El cambio de grupo e incluso de mentalidad provocó que compusiera un pasodoble dedicado a todos los que no estaban pero los nuevos miembros de la comparsa, con razón, preferían no cantarlo sobre todo "porque nosotros no sentimos eso, Antonio, a nosotros ni nos va ni nos viene, eso es algo muy personal", como alguien muy razonablemente me dijo una noche. Como no se cantó en su día ahí va un pequeño homenaje: "Rafael, amigo mío, te echo en falta una jartá", decía parte de la letra. Como el tipo era muy marcial necesitaba un repertorio contundente. En cuanto a la música, para meterme en la piel de ese soldado imaginario, escuché todos los trabajos discográficos del Ejército Ruso. De hecho el final del popurrí es una versión de una pieza de estos muchachos de color rosadito que nunca tienen frío. Para la presentación también llevaba una pieza de este varonil coro, pero después de montarla nos dimos cuenta que aquello impresionaría en una iglesia pero no en el Falla. Rusia y Cádiz no se hermanaron ese año. El frío sería, digo yo.
Empezó el concurso y con él el morbo. Los ex componentes de 'El brujo' estaban repartidos por otros grupos, la mayor parte de ellos cantaban en 'El viejo refranero', que consiguió el segundo premio. Un año más llegábamos a la final y el nuevo grupo se adaptó perfectamente a la presión del concurso y a un público que también tenía el corazón dividido. Como cada año por aquella época mi periódico nos condecoraba a Juanma y a mí como jefes del suplemento de Carnaval y con un grupo de compañeros cubríamos el concurso hasta el último suspiro. Dicho suplemento se nos hacía eterno, sobre todo porque yo no podía estar en dos sitios a la vez. Mi comparsa se jugaba mucho pero el trabajo era el trabajo. Buena noticia, cerrábamos la gran final. Sí, para mí era una muy buena noticia, siempre he preferido cantar y que digan los premios a continuación, a salir a escena de los primeros y esperar y esperar y esperar toda la noche hasta que llega el momento en que se hace el silencio y alguien dice: "En la ciudad de Cádiz…".
La comparsa de Jerez consiguió en 1996 un cuarto premio con 'Grumetes gaditanos', Antonio Martín y sus 'Quijotes del sur', impresionante disfraz, por cierto, se conformó con el tercero y 'El viejo refranero' por muy poquito no nos amargó la final. Esa noche nos maquillamos y nos vestimos en la peña Nuestra Andalucía. Tras la actuación tuvimos el tiempo justo para correr hasta la Viña y conocer el veredicto del jurado. Cuando llegó el momento de la verdad, algunos se quedaron mirando el televisor y otros escuchando la radio; yo me fui solo a la calle. Tras minutos de silencio y de nervios los gritos traspasaban las paredes de la peña. Fue entonces cuando entré y me abracé a los de siempre y a los nuevos. Alguien dijo para que todos lo escucharan: "Me lo merezco, me lo merezco". No, no fui yo.
Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 26 de Enero de 2008
"La trinchera" logró el primer premio gracias a un repertorio donde brillaban las letras.
ESTABA terminando el verano y quedamos en casa de Rafael Velázquez. Allí ya algunos no se dirigían la palabra y esperaban mi respuesta. Yo ya tenía decidido con qué parte del grupo me quedaba pero ése no era el único problema; parte de ese grupo pedía una renovación y pensaba que era el momento adecuado, así que empezó la operación Gracias por todo, hasta luego. Lo peor de todo fue que yo aprobaba esa teoría y dejé que me lavaran el cerebro. Me puse de parte de Ángel Zubiela y yo, y nadie más que yo, fue quien dijo adiós a seis componentes. Días posteriores actuábamos en el Baluarte de la Candelaria y ya entonces teníamos dos nuevos guitarras, Miguel Ángel García Cossío, que se ofreció a salir en la comparsa una tarde que me lo encontré en una de aquellas ¿hermosas? Veladas de los Ángeles; y Moisés. El resto del grupo que nos quedaba para completar la formación, a excepción de Miguel El manta, llegó del mundo de los coros, Pepe Chulián, Pedro Espinosa y Augusto. Se me olvidaba, antes de que llegara Augusto estuvo con nosotros José Ramón, que tuvo que abandonar la comparsa por problemas familiares. Pero hubo otro cambio con el que no contaba, El chupa, que había traído a la comparsa a Paco Catalán decidió justo cuando empezábamos a ensayar no salir con nosotros, con lo que al final fueron siete las bajas del grupo.
Y nos pusimos a trabajar. Quién sabe, lo mismo mi subconsciente me jugó una buena pasada y me recordó que aunque con 'Sonri-sillas' me había adelantado a mi tiempo seguía teniendo siempre ahí como referencia a 'Los soldaditos' y ya era momento de pasar página, así que le dije a Ángel y a José Luis que quería representar a unos soldados de Cádiz en su trinchera. El tipo nos dio muchísimos problemas porque por más bocetos que hacíamos y más libros que leía no aparecía. La primera idea, para mi gusto la mejor, era adoptar el disfraz de soldado con la cara pintada de payaso y una flor en la punta de la escopeta, al estilo Charles Chaplin, o como algunos actores polacos que durante la Segunda Guerra Mundial actuaban para salvar sus vidas en esa maravillosa película titulada 'Ser o no ser', me refiero al remake que hizo Mel Brooks, obviamente. Pero no, no nos poníamos de acuerdo. También barajamos la posibilidad de representar un soldado de arena, pero tampoco. Al final planteé otra posibilidad: soldados de piedra, de piedra ostionera, escollera viva, con motivos marineros por toda su ropa. Otra vez un disfraz rígido y duro.
Los encargados de hacer el tipo fueron Jesús Pino, Augusto y la que por entonces era mi mujer. Lo cierto es que crearon una obra de arte y ese año sí me hice el tipo. Hace poco regalé lo último que me quedaba de mis comparsas, el casco de 'La trinchera'. Después de intensos debates y horas y horas de trabajo les puedo asegurar que quedó un disfraz de lo más bello. Debo aclararles una cosa, el año de 'El brujo' hice tres pasodobles, musicalmente hablando, claro, porque nunca nos quedábamos completamente satisfechos y eso me valió para los dos años siguientes, con algunos sutiles cambios porque lo que lleva mucho tiempo cocinado evidentemente, no sabe bien.
El cambio de grupo e incluso de mentalidad provocó que compusiera un pasodoble dedicado a todos los que no estaban pero los nuevos miembros de la comparsa, con razón, preferían no cantarlo sobre todo "porque nosotros no sentimos eso, Antonio, a nosotros ni nos va ni nos viene, eso es algo muy personal", como alguien muy razonablemente me dijo una noche. Como no se cantó en su día ahí va un pequeño homenaje: "Rafael, amigo mío, te echo en falta una jartá", decía parte de la letra. Como el tipo era muy marcial necesitaba un repertorio contundente. En cuanto a la música, para meterme en la piel de ese soldado imaginario, escuché todos los trabajos discográficos del Ejército Ruso. De hecho el final del popurrí es una versión de una pieza de estos muchachos de color rosadito que nunca tienen frío. Para la presentación también llevaba una pieza de este varonil coro, pero después de montarla nos dimos cuenta que aquello impresionaría en una iglesia pero no en el Falla. Rusia y Cádiz no se hermanaron ese año. El frío sería, digo yo.
Empezó el concurso y con él el morbo. Los ex componentes de 'El brujo' estaban repartidos por otros grupos, la mayor parte de ellos cantaban en 'El viejo refranero', que consiguió el segundo premio. Un año más llegábamos a la final y el nuevo grupo se adaptó perfectamente a la presión del concurso y a un público que también tenía el corazón dividido. Como cada año por aquella época mi periódico nos condecoraba a Juanma y a mí como jefes del suplemento de Carnaval y con un grupo de compañeros cubríamos el concurso hasta el último suspiro. Dicho suplemento se nos hacía eterno, sobre todo porque yo no podía estar en dos sitios a la vez. Mi comparsa se jugaba mucho pero el trabajo era el trabajo. Buena noticia, cerrábamos la gran final. Sí, para mí era una muy buena noticia, siempre he preferido cantar y que digan los premios a continuación, a salir a escena de los primeros y esperar y esperar y esperar toda la noche hasta que llega el momento en que se hace el silencio y alguien dice: "En la ciudad de Cádiz…".
La comparsa de Jerez consiguió en 1996 un cuarto premio con 'Grumetes gaditanos', Antonio Martín y sus 'Quijotes del sur', impresionante disfraz, por cierto, se conformó con el tercero y 'El viejo refranero' por muy poquito no nos amargó la final. Esa noche nos maquillamos y nos vestimos en la peña Nuestra Andalucía. Tras la actuación tuvimos el tiempo justo para correr hasta la Viña y conocer el veredicto del jurado. Cuando llegó el momento de la verdad, algunos se quedaron mirando el televisor y otros escuchando la radio; yo me fui solo a la calle. Tras minutos de silencio y de nervios los gritos traspasaban las paredes de la peña. Fue entonces cuando entré y me abracé a los de siempre y a los nuevos. Alguien dijo para que todos lo escucharan: "Me lo merezco, me lo merezco". No, no fui yo.
Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 26 de Enero de 2008
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Yo maté a Martínez Ares
Y de pronto... una gran bola de fuego
El brujo. No sólo estaba obligado a hacer un homenaje al creador de la comparsa, sino también a mi padre l Tras el verano llegó uno de los peores momentos de mi vida, el grupo se rompía sin remedio.

"El brujo" protagonizó un hermoso duelo de comparsas con "Los Charrúas", de Joaquín Quiñones.
PARA mi padre y todos los componentes de la antología de Paco Alba 1995 iba a ser un año muy especial porque conmemorarían los veinte años sin su autor, sin El brujo. Este grupo de amigos ha pasado por momentos dulces, como el de ese año, y otros terribles como el adiós definitivo de algunos compañeros de viaje como Paco Campos, Juanaco, Carlos Brihuega y otros que Dios, si existe, tendrá en su gloria. Hace poco hablé con mi padre de la antología y me dijo que este año tenían "un par de contratitos" ¡Ole! Y es que no tiene precio ver a esos viejos vestidos de 'Hombres del mar' cantando las coplas del creador de la comparsa. Nadie podrá echarles en cara, nunca, que no han sido fieles a su autor ni a la viuda que, hoy por hoy, y gracias a ellos, sigue recibiendo la parte de su difunto marido cada vez que cantan como si estuviera vivo, además de estar siempre pendientes de los derechos de autor de ese genio gaditano que gestiona la Sociedad General de Autores y Editores de España. Lo tenía claro, no sólo estaba obligado a hacerle un homenaje a Paco Alba sino a mi padre, que tanto ha dado por esa comparsa sin recibir a cambio ni el antifaz de oro por no tener un currículum de veinticinco años cantando en el Falla, ¿qué pasa, que toda una vida enseñando las coplas de Paco Alba por toda España no cuenta? Qué cara se le quedó esa noche cuando le dieron el antifaz de oro a unos sí, a otros no; mi padre se encontraba en el grupito de los nones. Yo te quito la espinita, viejo, total pa lo que me queda de Carnaval. Quien tenga oídos que oiga.
Llamé a Ángel y a José Luis y les planteé la cuestión: "Vamos a hacer una comparsa que se llamará 'El brujo', el disfraz debe impresionar, con colores duros y cada pasodoble lo comenzaremos con un pequeño trozo de algún pasodoble de Paco Alba, el otro brujo". Nosotros, que supuestamente estábamos revolucionando la comparsa, teníamos que rendirle homenaje a quien la creó y empezamos a trabajar con los mismos componentes de 'La ventolera' y 'Los miserables', la misma sastra y el mismo maquillador, teníamos tanta fe en nosotros mismos que en momento alguno se nos pasó por la cabeza descartar a nadie. Cada vez que iniciábamos un pasodoble hacíamos referencia a un pasodoble del maestro pero además tenía la misión de introducir al espectador en la temática que yo había elegido, prácticamente lo que quería decirle al público era "veis, el mundo no ha cambiado tanto".
No, yo no me hice el disfraz, me conformaba con tener la foto del grupo y que me prestaran un disfraz cuando tenía que suplir a algún componente enfermo. Pero lo que sí hice fue llamar al Gran Malakatín, un mago impresionante, amigo nuestro, para que nos enseñara a hacer algunos trucos de magia con los que sorprender al público. Siempre que llegaba el Gran Malakatín al ensayo aplaudíamos como locos, como chiquillos invitados a una fiesta de cumpleaños. Después de varias sesiones mágicas quedamos en ensayar con dos tipos de trucos, uno que consistía en hacer levitar un pito de carnaval, cosa que intentamos el primer día y casi ni se notó y segundo, una bola de fuego que salía de la nada y se volatilizaba en cuestión de décimas de segundo. Lo siento, si quieren saber el truco del fuego pregúntenle al Gran Malakatín.
Ya me había casado y seguía trabajando para Cádiz Información en la calle Ancha. Ser periodista supuso para mí estar siempre a pie de obra, saber todo lo que ocurría en la ciudad y fuera de ella. Eso abrió el abanico de mis posibilidades a la hora de escribir un repertorio para una comparsa que insistía en cambiar el Carnaval y el mundo desde las coplas.
Para estar cerca del Falla los días de actuación montamos el cuartel general en la que sería la nueva casa de Rafael Velázquez, en la calle Sacramento, muy cerca del teatro. Cantamos el primer día y volvimos a conectar con ese público que nos esperaba y se entregaba de lleno. Si la presentación gustó, los pasodobles aún más ¡Y con los cuplés la gente se reía! Antes de acabar el estribillo la gente enloquecía, sobre todo cuando iluminábamos el Falla con nuestras bolas de fuego; nunca antes una comparsa había hecho eso en el teatro. El popurrí ponía el broche final a un repertorio que quería conseguir el tercer primer premio consecutivo. Pero ese año Joaquín Quiñones y sus 'Charrúas' no estaban dispuestos a que cumpliéramos la hazaña y nos ganaron en una durísima pero maravillosa final.
Esa noche se homenajeaba a la comparsa donde cantaba mi padre. Por primera vez en mi vida estábamos juntos en los camerinos del Falla, él nervioso porque abría la final con sus compañeros y yo histérico porque podía hacer historia. Siempre guardaré en mi mente ese momento cuando mi padre y sus colegas bajaban por la escalera del teatro, como si fuera la primera vez, escuchando de fondo el murmullo de un público que se rindió a los pies de esos comparsistas. Le di un abrazo y un par de besos y le deseé toda la mierda del mundo. Jamás un jurado dio una puntuación a la vista del público tan alta como la de aquella noche: cada uno de los miembros del jurado les concedió un diez. Yo me conformé con un segundo premio que de todos modos me transportaba al Olimpo de los carnavaleros. Sin embargo, aunque pueda parecer mentira, en aquella ocasión yo escuché los premios en mi casa, en la cama, harto de esperar el veredicto, ya que nosotros habíamos cantado de los primeros y la noche se hizo eterna, tan eterna que la mayoría del grupo no hizo piña para escuchar los premios.
Ya lo dijo Newton, todo lo que sube vuelve a caer. Siempre le he tenido pánico a los buenos momentos porque detrás siempre aguarda penitente algo siniestro, palabra de pesimista. Cantamos, disfrutamos, colonizábamos más territorios, nuestras coplas eran santo y seña de legiones de jóvenes. Terminó el verano y llegó uno de los peores momentos de mi vida, la comparsa se rompía y yo no podía hacer nada para evitarlo. Estaba en medio de una cuerda que separaba a mis amigos de siempre. Si tiraba hacia un lado me quedaba sin medio grupo que no quería seguir con Ángel, y si tiraba hacia el otro me quedaba con Ángel y con la otra mitad del grupo. Nunca me gustó Newton, será por eso que escogí letras.
Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 25 de Enero de 2008
"El brujo" protagonizó un hermoso duelo de comparsas con "Los Charrúas", de Joaquín Quiñones.
PARA mi padre y todos los componentes de la antología de Paco Alba 1995 iba a ser un año muy especial porque conmemorarían los veinte años sin su autor, sin El brujo. Este grupo de amigos ha pasado por momentos dulces, como el de ese año, y otros terribles como el adiós definitivo de algunos compañeros de viaje como Paco Campos, Juanaco, Carlos Brihuega y otros que Dios, si existe, tendrá en su gloria. Hace poco hablé con mi padre de la antología y me dijo que este año tenían "un par de contratitos" ¡Ole! Y es que no tiene precio ver a esos viejos vestidos de 'Hombres del mar' cantando las coplas del creador de la comparsa. Nadie podrá echarles en cara, nunca, que no han sido fieles a su autor ni a la viuda que, hoy por hoy, y gracias a ellos, sigue recibiendo la parte de su difunto marido cada vez que cantan como si estuviera vivo, además de estar siempre pendientes de los derechos de autor de ese genio gaditano que gestiona la Sociedad General de Autores y Editores de España. Lo tenía claro, no sólo estaba obligado a hacerle un homenaje a Paco Alba sino a mi padre, que tanto ha dado por esa comparsa sin recibir a cambio ni el antifaz de oro por no tener un currículum de veinticinco años cantando en el Falla, ¿qué pasa, que toda una vida enseñando las coplas de Paco Alba por toda España no cuenta? Qué cara se le quedó esa noche cuando le dieron el antifaz de oro a unos sí, a otros no; mi padre se encontraba en el grupito de los nones. Yo te quito la espinita, viejo, total pa lo que me queda de Carnaval. Quien tenga oídos que oiga.
Llamé a Ángel y a José Luis y les planteé la cuestión: "Vamos a hacer una comparsa que se llamará 'El brujo', el disfraz debe impresionar, con colores duros y cada pasodoble lo comenzaremos con un pequeño trozo de algún pasodoble de Paco Alba, el otro brujo". Nosotros, que supuestamente estábamos revolucionando la comparsa, teníamos que rendirle homenaje a quien la creó y empezamos a trabajar con los mismos componentes de 'La ventolera' y 'Los miserables', la misma sastra y el mismo maquillador, teníamos tanta fe en nosotros mismos que en momento alguno se nos pasó por la cabeza descartar a nadie. Cada vez que iniciábamos un pasodoble hacíamos referencia a un pasodoble del maestro pero además tenía la misión de introducir al espectador en la temática que yo había elegido, prácticamente lo que quería decirle al público era "veis, el mundo no ha cambiado tanto".
No, yo no me hice el disfraz, me conformaba con tener la foto del grupo y que me prestaran un disfraz cuando tenía que suplir a algún componente enfermo. Pero lo que sí hice fue llamar al Gran Malakatín, un mago impresionante, amigo nuestro, para que nos enseñara a hacer algunos trucos de magia con los que sorprender al público. Siempre que llegaba el Gran Malakatín al ensayo aplaudíamos como locos, como chiquillos invitados a una fiesta de cumpleaños. Después de varias sesiones mágicas quedamos en ensayar con dos tipos de trucos, uno que consistía en hacer levitar un pito de carnaval, cosa que intentamos el primer día y casi ni se notó y segundo, una bola de fuego que salía de la nada y se volatilizaba en cuestión de décimas de segundo. Lo siento, si quieren saber el truco del fuego pregúntenle al Gran Malakatín.
Ya me había casado y seguía trabajando para Cádiz Información en la calle Ancha. Ser periodista supuso para mí estar siempre a pie de obra, saber todo lo que ocurría en la ciudad y fuera de ella. Eso abrió el abanico de mis posibilidades a la hora de escribir un repertorio para una comparsa que insistía en cambiar el Carnaval y el mundo desde las coplas.
Para estar cerca del Falla los días de actuación montamos el cuartel general en la que sería la nueva casa de Rafael Velázquez, en la calle Sacramento, muy cerca del teatro. Cantamos el primer día y volvimos a conectar con ese público que nos esperaba y se entregaba de lleno. Si la presentación gustó, los pasodobles aún más ¡Y con los cuplés la gente se reía! Antes de acabar el estribillo la gente enloquecía, sobre todo cuando iluminábamos el Falla con nuestras bolas de fuego; nunca antes una comparsa había hecho eso en el teatro. El popurrí ponía el broche final a un repertorio que quería conseguir el tercer primer premio consecutivo. Pero ese año Joaquín Quiñones y sus 'Charrúas' no estaban dispuestos a que cumpliéramos la hazaña y nos ganaron en una durísima pero maravillosa final.
Esa noche se homenajeaba a la comparsa donde cantaba mi padre. Por primera vez en mi vida estábamos juntos en los camerinos del Falla, él nervioso porque abría la final con sus compañeros y yo histérico porque podía hacer historia. Siempre guardaré en mi mente ese momento cuando mi padre y sus colegas bajaban por la escalera del teatro, como si fuera la primera vez, escuchando de fondo el murmullo de un público que se rindió a los pies de esos comparsistas. Le di un abrazo y un par de besos y le deseé toda la mierda del mundo. Jamás un jurado dio una puntuación a la vista del público tan alta como la de aquella noche: cada uno de los miembros del jurado les concedió un diez. Yo me conformé con un segundo premio que de todos modos me transportaba al Olimpo de los carnavaleros. Sin embargo, aunque pueda parecer mentira, en aquella ocasión yo escuché los premios en mi casa, en la cama, harto de esperar el veredicto, ya que nosotros habíamos cantado de los primeros y la noche se hizo eterna, tan eterna que la mayoría del grupo no hizo piña para escuchar los premios.
Ya lo dijo Newton, todo lo que sube vuelve a caer. Siempre le he tenido pánico a los buenos momentos porque detrás siempre aguarda penitente algo siniestro, palabra de pesimista. Cantamos, disfrutamos, colonizábamos más territorios, nuestras coplas eran santo y seña de legiones de jóvenes. Terminó el verano y llegó uno de los peores momentos de mi vida, la comparsa se rompía y yo no podía hacer nada para evitarlo. Estaba en medio de una cuerda que separaba a mis amigos de siempre. Si tiraba hacia un lado me quedaba sin medio grupo que no quería seguir con Ángel, y si tiraba hacia el otro me quedaba con Ángel y con la otra mitad del grupo. Nunca me gustó Newton, será por eso que escogí letras.
Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 25 de Enero de 2008
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Yo maté a Martínez Ares
La letra que no le cantó "La Ventolera" a Antonio Martín
Cuando yo era chiquillo buscaba en las calles
el mar de tus coplillas, querido barquero
Y despues de ganarte
como un miserable
me inunda la pena
porque veo que tu arte
se ha muerto en un bache
de mala manera
y te comen los celos....... celos
que culpa tiene nadie
que tu alma esté enferma
enferma de triunfos,
triunfos y... premios
Ahora es el momento
de contar las verdades
que no te interesan
los premios que robaste
con los fantasamas del gallinero
lo que pasó una tarde
por un capricho de alma goyesca
Cuenta barquero,
no te calles la boca
pero dí la verdad
¡Ay! se te acabó la suerte
de niño rebelde
querido amigo
Paco ya está muerto
pero yo estoy vivo
la guerra la traigo en los vientos
Que no daría por verme
de nuevo robando
letras de aquellos mandingos
de esas voces negras
Ahí si que eras un hombre..
y no un titiritero... titiritero.
el mar de tus coplillas, querido barquero
Y despues de ganarte
como un miserable
me inunda la pena
porque veo que tu arte
se ha muerto en un bache
de mala manera
y te comen los celos....... celos
que culpa tiene nadie
que tu alma esté enferma
enferma de triunfos,
triunfos y... premios
Ahora es el momento
de contar las verdades
que no te interesan
los premios que robaste
con los fantasamas del gallinero
lo que pasó una tarde
por un capricho de alma goyesca
Cuenta barquero,
no te calles la boca
pero dí la verdad
¡Ay! se te acabó la suerte
de niño rebelde
querido amigo
Paco ya está muerto
pero yo estoy vivo
la guerra la traigo en los vientos
Que no daría por verme
de nuevo robando
letras de aquellos mandingos
de esas voces negras
Ahí si que eras un hombre..
y no un titiritero... titiritero.
Un año más tocando las nubes
La ventolera. Fue el año del famoso pasodoble a Antonio Martín, que jamás se cantó pero que sí se filtró y se publicó en este medio l Por segundo año consecutivo nos llevamos el primer premio

En primer plano, Zubiela y El Chupa, luciendo el tipo de "La ventolera".
VERANO de 1993. La peña 'La tertulia de doña Frasquita', en la calle Santiago, abría sus puertas a los que todavía tenían ganas de Carnaval. Esa noche Paz Padilla recibió un premio por su arte y por llevar su tierra como bandera por todos los escenarios de España. Paz empezó a contar un chiste y otro y otro y la peña se venía abajo. Nosotros estábamos en una habitación también perteneciente a la peña disfrazándonos de 'Los miserables' y es que nuestra relación con la gente del coro mixto era especial: siempre fueron grandes seguidores nuestros, muchos de estos y estas coristas se abrazaron a nosotros la noche del primer premio en la plaza del Falla, como si ellos hubieran ganado, lo mismo. Terminamos la actuación y allí Angel me preguntó si ya tenía algo pensado para el próximo año. "Yo… -le dije- tengo unas cuantas ideas en la cabeza pero la que más me convence es poner un marinero en el cielo, una veleta". Esa noche salió de esa peña el tipo y el nombre: 'La ventolera'. El disfraz no parecía complicado, ¡Ja¡ ¡Qué equivocados estábamos! Siempre lo más fácil es lo peor. El pantalón y la chaqueta eran eso, típicas prendas marineras a las que añadimos camiseta, gorra, pañuelo y un farol. No era la primera vez que las estatuas se paseaban por el Carnaval, precisamente el recuerdo más reciente lo teníamos en 'Nos quedamos de piedra', por lo que teníamos que hilar fino. Había que buscar un color que reflejara dureza, robustez, y… para ello, nada mejor que el bronce. Desde 'De locura' no nos metíamos en la piel de un disfraz tan duro y correoso, un pantalón que había que domar para poder sentarse, una chaqueta que después de varias imprimaciones de color bronce la dejabas de pie y ahí se quedaba más derecha que un palo, una gorra que parecía lija pura, pero qué bonito quedaba en escena.
Para complicar más la cosa cada marinero llevaba un farol con el que supuestamente buscaba su barco en el cielo; lo había perdido y lo buscaba según le golpeara el viento. Y para rematar la faena a cada componente, menos los instrumentos, es obvio, lo atravesaban los cuatro puntos cardinales aunque al final siempre la sangre tirara para el sur. Eso sí fue un obra de ingeniería. Rafael Velázquez se pasó semanas buscando todo tipo de tubos, medidas y anclajes, pero al final lo consiguió. Y Manuel Coronilla bordó las veletas con los símbolos que cada letra de cada punto cardinal expresaba.
El grupo, el mismo. Todos queríamos repetir experiencia e intentar revalidar el primer premio de 'Los miserables'. Chari Delgado, una vez más, era nuestra sastra ¿se dice así, no? y una vez más yo tampoco me hice el tipo "no vaya a ser que falte tela como el año pasado y me vistan de otro color", me dije yo para mí. El responsable del maquillaje, Paco Leal, fiel a nosotros. Ah, y también conservábamos el local de ensayo. Sólo nos quedaba trabajar duro para demostrar que lo que pasó aquella noche no fue casualidad. Al local de ensayo lo llamábamos la nevera, porque precisamente para eso se hizo. Tenía una puerta que si se cerraba teníamos que empujar los quince para poderla abrir, por eso siempre la dejábamos encajada. Yo de cuando en cuando, me salía de esa habitación y me ponía a hablar con El Piru que se quedaba de guardia por las inmediaciones de la nave. Semanas antes del concurso Angel me dijo que no estaría de más hacer otra letra de pasodoble. Yo salí de la nevera y al rato regresé con "Recuerdo que era mayo…". No es pedantería, hay testigos. A veces el universo conspira para que todo salga como tú quieres, ¿no dice eso Paulo Coelho? Pero lo que esperaba el público era una respuesta a mi expulsión de la cofradía del Nazareno por el pasodoble del Papa. Y la tuvieron. Y Ya puestos en faena, pensé, "por qué no derribar otra muralla, otro tabú", y me fui directamente a por la Fiesta Nacional; lo siento yo soy de los que están en contra de las corridas de toros, multiusos sí pero para no para matar animales. Otra vez la gente dividida, los que estaban a favor y aplaudían y los que estaban en contra y pedían a Dios que me cortaran las dos orejas y el rabo, es un decir. También fue el año del famoso pasodoble a Antonio Martín que jamás se cantó pero que sí se filtró e incluso se llegó a publicar en este medio, un pasodoble que estuvimos a punto de cantar en el Falla de no ser porque minutos antes de abrir las cortinas le dije a Ángel: "Mira Ángel, si ganamos, bien, y si no, no pasa nada, pero esta letra nos puede quitar el premio porque ¿cómo se puntúa esto?". Algo parecido le pasó a él años más tarde y sí, le valió un premio. Los cuplés hacían sonreír y empezaban con una pequeña llamada de atención a los veletas de Cádiz.
Empezábamos a acostumbrarnos a estar en la final y a competir con los poderosos de la fiesta aunque en esta ocasión nosotros éramos el enemigo a batir. Todavía trabajaba en Chiclana pero mi jefe ya contemplaba la posibilidad de abrir otra cabecera en Cádiz. Días antes del concurso me anunció que me trasladaban a la capital para hacerme cargo, en principio, de un especial diario dedicado al Carnaval; entre eso y mi comparsa no tenía vida. Pedro Romero presentó ese año una comparsa sencilla y de corte poético y tanto Martín como Quiñones también eran firmes candidatos para un primer puesto, pero no, por segundo año consecutivo nos llevamos el gato al agua. Tras las risas y los llantos, la mayoría de nosotros acabó esa mañana comiendo churros en la plaza de las Flores, luego se fueron a casa y durmieron un poco porque por la tarde empezaba el gran maratón, vender cintas, que no cds que nunca llegaron porque nunca los hizo Izquierdo a pesar de estar firmado en un contrato, cantar en tablaos, contratos en la provincia y más allá… una locura. Lo que no hicimos fue participar en el concurso de El Puerto de Santa María, ¿para qué? Era evidente que sería un segundo y no era plan. La primera portada de la nueva cabecera de mi jefe, Cádiz Información, la habían enmarcado y colocado en el patio de las oficinas sitas en la calle Ancha y mostraba una foto a cuatro columnas de 'La ventolera' con un titular que rezaba: "Ares y Pardo revalidan el primer premio". Cuando entraba todas las mañanas a trabajar miraba al Zubiela y le guiñaba un ojo como diciendo: "¿te lo dije, no hacía falta cantar ese pasodoble para ganar". Él siempre guardó silencio. Años más tarde supe por qué.
Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 24 de Enero de 2.008
En primer plano, Zubiela y El Chupa, luciendo el tipo de "La ventolera".
VERANO de 1993. La peña 'La tertulia de doña Frasquita', en la calle Santiago, abría sus puertas a los que todavía tenían ganas de Carnaval. Esa noche Paz Padilla recibió un premio por su arte y por llevar su tierra como bandera por todos los escenarios de España. Paz empezó a contar un chiste y otro y otro y la peña se venía abajo. Nosotros estábamos en una habitación también perteneciente a la peña disfrazándonos de 'Los miserables' y es que nuestra relación con la gente del coro mixto era especial: siempre fueron grandes seguidores nuestros, muchos de estos y estas coristas se abrazaron a nosotros la noche del primer premio en la plaza del Falla, como si ellos hubieran ganado, lo mismo. Terminamos la actuación y allí Angel me preguntó si ya tenía algo pensado para el próximo año. "Yo… -le dije- tengo unas cuantas ideas en la cabeza pero la que más me convence es poner un marinero en el cielo, una veleta". Esa noche salió de esa peña el tipo y el nombre: 'La ventolera'. El disfraz no parecía complicado, ¡Ja¡ ¡Qué equivocados estábamos! Siempre lo más fácil es lo peor. El pantalón y la chaqueta eran eso, típicas prendas marineras a las que añadimos camiseta, gorra, pañuelo y un farol. No era la primera vez que las estatuas se paseaban por el Carnaval, precisamente el recuerdo más reciente lo teníamos en 'Nos quedamos de piedra', por lo que teníamos que hilar fino. Había que buscar un color que reflejara dureza, robustez, y… para ello, nada mejor que el bronce. Desde 'De locura' no nos metíamos en la piel de un disfraz tan duro y correoso, un pantalón que había que domar para poder sentarse, una chaqueta que después de varias imprimaciones de color bronce la dejabas de pie y ahí se quedaba más derecha que un palo, una gorra que parecía lija pura, pero qué bonito quedaba en escena.
Para complicar más la cosa cada marinero llevaba un farol con el que supuestamente buscaba su barco en el cielo; lo había perdido y lo buscaba según le golpeara el viento. Y para rematar la faena a cada componente, menos los instrumentos, es obvio, lo atravesaban los cuatro puntos cardinales aunque al final siempre la sangre tirara para el sur. Eso sí fue un obra de ingeniería. Rafael Velázquez se pasó semanas buscando todo tipo de tubos, medidas y anclajes, pero al final lo consiguió. Y Manuel Coronilla bordó las veletas con los símbolos que cada letra de cada punto cardinal expresaba.
El grupo, el mismo. Todos queríamos repetir experiencia e intentar revalidar el primer premio de 'Los miserables'. Chari Delgado, una vez más, era nuestra sastra ¿se dice así, no? y una vez más yo tampoco me hice el tipo "no vaya a ser que falte tela como el año pasado y me vistan de otro color", me dije yo para mí. El responsable del maquillaje, Paco Leal, fiel a nosotros. Ah, y también conservábamos el local de ensayo. Sólo nos quedaba trabajar duro para demostrar que lo que pasó aquella noche no fue casualidad. Al local de ensayo lo llamábamos la nevera, porque precisamente para eso se hizo. Tenía una puerta que si se cerraba teníamos que empujar los quince para poderla abrir, por eso siempre la dejábamos encajada. Yo de cuando en cuando, me salía de esa habitación y me ponía a hablar con El Piru que se quedaba de guardia por las inmediaciones de la nave. Semanas antes del concurso Angel me dijo que no estaría de más hacer otra letra de pasodoble. Yo salí de la nevera y al rato regresé con "Recuerdo que era mayo…". No es pedantería, hay testigos. A veces el universo conspira para que todo salga como tú quieres, ¿no dice eso Paulo Coelho? Pero lo que esperaba el público era una respuesta a mi expulsión de la cofradía del Nazareno por el pasodoble del Papa. Y la tuvieron. Y Ya puestos en faena, pensé, "por qué no derribar otra muralla, otro tabú", y me fui directamente a por la Fiesta Nacional; lo siento yo soy de los que están en contra de las corridas de toros, multiusos sí pero para no para matar animales. Otra vez la gente dividida, los que estaban a favor y aplaudían y los que estaban en contra y pedían a Dios que me cortaran las dos orejas y el rabo, es un decir. También fue el año del famoso pasodoble a Antonio Martín que jamás se cantó pero que sí se filtró e incluso se llegó a publicar en este medio, un pasodoble que estuvimos a punto de cantar en el Falla de no ser porque minutos antes de abrir las cortinas le dije a Ángel: "Mira Ángel, si ganamos, bien, y si no, no pasa nada, pero esta letra nos puede quitar el premio porque ¿cómo se puntúa esto?". Algo parecido le pasó a él años más tarde y sí, le valió un premio. Los cuplés hacían sonreír y empezaban con una pequeña llamada de atención a los veletas de Cádiz.
Empezábamos a acostumbrarnos a estar en la final y a competir con los poderosos de la fiesta aunque en esta ocasión nosotros éramos el enemigo a batir. Todavía trabajaba en Chiclana pero mi jefe ya contemplaba la posibilidad de abrir otra cabecera en Cádiz. Días antes del concurso me anunció que me trasladaban a la capital para hacerme cargo, en principio, de un especial diario dedicado al Carnaval; entre eso y mi comparsa no tenía vida. Pedro Romero presentó ese año una comparsa sencilla y de corte poético y tanto Martín como Quiñones también eran firmes candidatos para un primer puesto, pero no, por segundo año consecutivo nos llevamos el gato al agua. Tras las risas y los llantos, la mayoría de nosotros acabó esa mañana comiendo churros en la plaza de las Flores, luego se fueron a casa y durmieron un poco porque por la tarde empezaba el gran maratón, vender cintas, que no cds que nunca llegaron porque nunca los hizo Izquierdo a pesar de estar firmado en un contrato, cantar en tablaos, contratos en la provincia y más allá… una locura. Lo que no hicimos fue participar en el concurso de El Puerto de Santa María, ¿para qué? Era evidente que sería un segundo y no era plan. La primera portada de la nueva cabecera de mi jefe, Cádiz Información, la habían enmarcado y colocado en el patio de las oficinas sitas en la calle Ancha y mostraba una foto a cuatro columnas de 'La ventolera' con un titular que rezaba: "Ares y Pardo revalidan el primer premio". Cuando entraba todas las mañanas a trabajar miraba al Zubiela y le guiñaba un ojo como diciendo: "¿te lo dije, no hacía falta cantar ese pasodoble para ganar". Él siempre guardó silencio. Años más tarde supe por qué.
Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 24 de Enero de 2.008
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Yo maté a Martínez Ares
Los Sanmolontropos Verdes
Chirigota de Erasmo Ubera, Selu y Yuyu del año 1989, surrealista donde las haya.
La presentación por tanguillos "sorianos" es genial. Voy a buscar la cinta y poner algún audio de la chirigota.
Aquí va la letra de la presentación:
Aquellas monedas arcaicas que tanto en Gades se comentaba
se aglomeraba el populacho, en la ribera del oceano
ha sido el acontecimiento mas simpatico que en mi existencia yo observe
hacia allá marcho el cincuenta por ciento de Gades con azadones
y la infeliz de mi madre politica que estaba en un estado de moribunda
con los anexos epidermicos de los dedos y los cabellos
la presencie haciendo agujeros en la arena
noventa y seis horas continuadas sin un respiro
Estaba la ribera del oceano idem a una verbena
amparame Sanmolontropo lo que es la pobreza
hubo personas que obtuvieron
mas de mil seiscientos reales
en cambio hubo otras personas
que no obtuvieron ni uno solo
La madre de mi señora como ya espuse
permanecio alli media quincena
haciendo agujeros al atardecer
junto a la luna y a la salida del Sol
se despojo de los anexos epidermicos y de los cabellos
no obstante no le figuraban mucho
y al contrario de capturar las monedas
lo que capturo fue una bronconeumonia aguda del torax
Y en el parque de las malvulilalum
esta haciendo agujeros desde aquella jornada, y tal
Y en el parque de las malvulilalum
esta haciendo agujeros desde aquella jornada, y tal.
La bomba inteligente de Cristiano Ronaldo
Gol de Cristiano Ronaldo contra el Porstmouth el 30-01-2008.
Aquí va la bomba inteligente de Cristiano Ronaldo, del estilo a la de Roberto Carlos en Saint-Denis. Personalmente la de Roberto Carlos me parece más espectacular, pero creo que ni él mismo sabe como le pegó; en cambio, pienso que Cristiano Ronaldo tiene calidad, y conocimiento, para repetirla alguna vez más.
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