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domingo, 28 de diciembre de 2008

sábado, 27 de diciembre de 2008

El ferrocarril, el carnaval y otros colores

Ah, los colores. La gente suele tomarse muy en serio los colores. Como si el dios del fútbol hubiera bajado con un montón de camisetas el día de la fundación, para entregarlas solemnemente a los jugadores. En realidad, casi todos los colores del fútbol salen de la necesidad o la casualidad. Muy pocos equipos visten los colores elegidos el primer día.

Consideremos, por ejemplo, el rojo que caracteriza a dos de los clubes más gloriosos de Inglaterra, el Liverpool y el Manchester United. La realidad es que ni unos ni otros querían jugar de rojo. El Liverpool nació en 1892 de azul y blanco, como su rival ciudadano, el Everton. Dos años después, para distinguirse del Everton, cambió a la camiseta roja con pantalón blanco. En 1964, el entrenador Bill Shankly convenció a sus futbolistas de que vistieran completamente de rojo. "Parece que midáis dos metros", les dijo. Y le creyeron.

El Manchester United empezó llamándose Newton Heath Lancashire & Yorkshire Railway, como la empresa ferroviaria para la que trabajaban sus jugadores, y, por lógica, asumió los colores de la compañía, el verde y el amarillo. Luego, durante un par de temporadas, usaron el azul. En 1893, la compañía de ferrocarril puso en venta el campo en el que jugaba el equipo y los futbolistas, cabreados, decidieron romper los vínculos ferroviarios y usar un color que no tuviera nada que ver. El rojo les pareció bonito.

Lo del Juventus fue más pintoresco. En su acto fundacional eligieron vestir camiseta rosa, pajarita y pantalón negro. Como el rosa descoloraba enseguida y quedaba blanquecino, pidieron a un fabricante inglés unas camisetas rojas como las del Nottingham Forest. El fabricante, no se sabe por qué motivo, les envió las camisetas blanquinegras del Notts County. Cuando las recibieron, las aceptaron: como buenos turineses, pensaron que el tejido era bueno y que ya habían gastado bastante.

La mayoría de los equipos empezaron de blanco, porque bastaba la ropa interior. Así empezó el Real Madrid, en calzoncillos. E hizo valer su condición de decano del fútbol madrileño para no tener que añadir colores adicionales al equipamiento. El River Plate no era decano, y, como muchos otros, tenía que fijar con imperdibles una banda de color en diagonal sobre la camiseta blanca. Un año aprovechó la tela roja sobrante de una comparsa de carnaval, llamada Los habitantes del infierno, y ya no cambió.

Boca Juniors tuvo que cambiar a la fuerza: después de probar con los colores blanco, celeste y azul, se quedó con las franjas blanquiazules. Pero los de San Lorenzo vestían casi igual. Se jugaron los colores a un partido, y los de Boca perdieron. ¿Solución? Adoptar los colores de la bandera del barco que entrara en el puerto de Buenos Aires, a una determinada hora. El barco resultó sueco. Y los colores, por tanto, azul y amarillo.

Enric González en El País

martes, 4 de marzo de 2008

"Antes el fútbol era una pelota, ahora una pizarra"


Bruno Conti (Nettuno, Roma; 52 años) no pisa el Bernabéu desde la final del Mundial de 1982 que coronó a Italia campeona. El ex jugador del Roma (de 1973 a 1991, con dos cursos por el medio en el Génova) volverá a hacerlo el miércoles. "Tengo ganas de ver cómo ha cambiado", dice al otro lado del teléfono. Acaba de regresar de la ciudad deportiva del Roma, donde es el responsable de las categorías inferiores. "Sigo viviendo en el pueblo y cada día hago 88 kilómetros para ir a trabajar".


"Yo tenía cosas de Raúl, un '7' zurdo, de ésos que dejan huella"

"Los niños no saben lo que se pierden por no poder jugar en las calles, en las plazas"

"¿Jugadores símbolo? Ya no se respetan los contratos. Es patético"

Pregunta. ¿Cómo fue su infancia con siete hermanos? ¿Había botas de fútbol para todos?

Respuesta. ¡Qué va! Tuvimos muchos problemas económicos porque sólo trabajaba mi padre. Era albañil. Se levantaba todas las mañanas a las cuatro, se iba a Roma y volvía a las siete de la tarde. Los tres hermanos dormíamos en una cama y mis cuatro hermanas en otra. No me avergüenzo porque mis padres nunca permitieron que nos faltara nada.

P. ¿Dónde empezó a jugar al fútbol?

R. En las calles del pueblo con los amigos. También jugaba al béisbol. Cuando tenía 15 años, vino un equipo de Estados Unidos para ficharme, pero mi padre se negó a darme permiso para abandonar Italia tan joven.

P. Se ha perdido la costumbre de jugar por las calles.

R. Sí, y los niños no saben lo que se pierden. Ya no se juega en los oratorios
[el pequeño campo de fútbol que tienen todas las iglesias en Italia] y en las plazas.

Nosotros, por la noche, íbamos a la explanada de la iglesia de Santa Maria Goretti porque estaba iluminada. Hoy, el fútbol es dinero. Antes te divertías con una pelota hecha con hojas de periódico y pegamento.

P. ¿Es verdad que con 10 años fue rechazado por el Milan y el Roma de Helenio Herrera?

R. ¡Y por muchos más! Era siempre la misma frase: "Técnicamente, es muy bueno. Pero, físicamente, no puede jugar al fútbol".

P. ¿Dónde aprendió a regatear?

R. Eso no se aprende, lo tienes. Mejoré con los años, pero desde pequeño me salía. Quizá, por ser zurdo.

P. ¿Qué tenía de mágico el Roma de los 80?

R. El presidente, Dino Viola, que, pieza tras pieza, consiguió construir un gran equipo, empezando por Ancelotti, pasando por Prohaska, Cerezo y Falcao y terminando por Di Bartolomei y Pruzzo. La clave fue Liedholm , que nos hacía divertirnos jugando. Ese equipo ganó mucho menos de lo que se merecía.

P. ¿Hay algo del Roma de los años 80 en el de Spalletti?

R. No. Con Liedholm teníamos una gran posesión del balón y jugadores muy técnicos. El Roma de Spalletti vive del juego vertical y rápido.

P. ¿Por qué hoy ya casi no existen los jugadores símbolo?

R. Porque, es patético, no se respetan los contratos, el fútbol está gestionado por demasiada gente, hay muchos intereses...

P. ¿Se imagina a Totti en otro equipo?

R. En absoluto. No lo haría nunca. Ha batido todos los récords de partidos, goles... Es la institución de este equipo y un símbolo para toda la hinchada.

P. Habría ganado más títulos.

R. Pero él está contento con lo que ha ganado y por cómo lo ha ganado, con tantos sacrificios y mucha personalidad.

P. ¿Qué mensaje transmite a los jóvenes?

R. Que la escuela, la educación y los estudios son fundamentales porque no todos llegarán. Hay que tener la cabeza bien puesta y hacer sacrificios. Esto no es ser bueno técnicamente, tener un agente y el empuje de tus padres.

P. Si jugara hoy, ¿qué le costaría más?

R. Nada. El fútbol ha cambiado, pero el juego que yo interpretaba en la banda es más o menos igual. Era de los que iba atrás a ayudar el equipo en la fase defensiva, cuando no teníamos el balón, y en el momento más oportuno sabía subir, atacar, meter un centro y marcar.

Yo creo que me acerco a Raúl por su enorme profesionalidad y por haber crecido en el club de toda la vida. Además, es un 7 como yo, zurdo; uno de esos jugadores que siempre dejan huella.

P. ¿Hay alguien tan rápido como usted?

R. Tenemos a Mancini. Se deshace rápidamente del rival y llega rápido al área. Hay muchos con estas características.

P. ¿Algún nombre?

R. No sé... A veces me han comparado con Messi, pero él ataca más y marca más goles. Yo era de los que hacía marcar.

P. Como a Paolo Rossi. Parecía que llevaban años juntos y sólo lo hacían en la selección.

R. Paolo era uno de ésos a los que sabías dónde había que meterle la pelota porque era tan inteligente que allí estaba esperándola. No tenía mucho físico, pero se desmarcaba como nadie.

P. Es zurdo, pero el único gol en el Mundial de España lo marcó con la derecha.

R. Contra Perú. Tuve el coraje de tirar tras una finta de tacón y entró por la escuadra.

P. ¿No entrenaba la derecha?

R. Muy poco porque lo que me daba de comer era el pie izquierdo y había que cuidarlo muy bien.

P. ¿Cómo era Falcao?

R. Un gran jugador y una gran persona. Era muy inteligente para encontrar los espacios y llegar hasta la portería rival. Incluso antes de tocar la pelota, ya sabía dónde pasarla. Casi nunca perdía el balón. Sabía cómo tenía que posicionarse y moverse en el campo para llegar el primero a coger la pelota.

P. ¿Hay un nuevo Falcao?

R. Creo que De Rossi, por su inteligencia táctica y su capacidad de marcar y romper el juego, se le parece un poco.

P. ¿El mejor defensa?

R. Gentile, que nunca te dejaba suelto.

P. ¿Y el mejor delantero?

R. Con el que más he disfrutado ha sido con Van Basten.

P. ¿El calcio, tan táctico y con tanta violencia en las gradas, está enfermo?

R. El fútbol de hoy es excesivamente táctico. Ya no se ve espectáculo, el golpe de genio, el taconazo, la chilena, porque hay demasiado estudio, demasiados técnicos que torturan a los jugadores con los aspectos mentales... Con Liedholm siempre nos divertíamos: la pelota estaba incluso en los calentamientos. Pero ahora todos son hojas y pizarras en un vestuario antes y después de los partidos. Es una exageración. A los jóvenes hay que sacarles el ingenio y punto.

El monumento que falta es Totti


Entre las ruinas del milenario imperio hay un jugador que representa la continuidad de un espíritu inequívoco. El romanista en estado puro, miembro vitalicio de una guardia pretoriana grabada para siempre en el imaginario popular. Francesco Totti es el Roma y Roma entera y eterna se rinde a los pies de su héroe, celoso guardián del ímpetu conquistador de un club patricio.

Guardián también de una posición casi olvidada, resiste acorralado, como un ejemplar exótico de una especie que está en vías de extinción, defendiendo su cada vez más acotado hábitat natural en la zona creativa del calcio. Resiste porque a su condición natural le ha agregado todos los argumentos que lo hacen perenne, combina la técnica necesaria para plasmar su imaginación con la pegada concreta de un delantero, la movilidad con la pausa y la visión angular en la construcción del juego, la velocidad con sentido para lanzar el contragolpe. De espaldas al arco construye una muralla alrededor de la pelota, aguanta los asaltos hasta la llegada de refuerzos de su equipo, se apoya y busca una nueva posición. Crea y concreta a la vez. Inventa y define.

Existe a pesar de los sistemas tácticos, de las rígidas estrategias defensivas que lo esperan para desactivarlo, de las patadas como recurso reiterado, de la apretada soledad a la que está condenado el mediapunta entre las líneas enemigas. Ha aprendido a convivir con todos los embates que el fútbol moderno lanza contra los de su género y los ha utilizado para crecer. Es producto de una adaptación perfecta al medio en el que creció y vive, como un ejemplo de evolución darwinista aplicada al fútbol. Se pasea con tranquilidad por los campos minados de una Liga árida y hostil para la imaginación. Hostil por la vehemencia, el rigor y la cantidad de operarios dedicados a tiempo completo a bloquear cualquier intento ofensivo. Árida porque con tantos soldados levantando barricadas se hace difícil encontrar socios disponibles para armar el ataque. Si imaginamos la zona creativa del calcio como la planicie antártica, Totti vendría a ser el pingüino emperador.

Es el emperador del Roma de hoy, un equipo con ánimo conversador y con intenciones constructivas donde se encuentra bien rodeado por jugadores técnicos que le arropan y le hacen más fácil el diálogo, con la condición de cargar con la responsabilidad de la última palabra. A ese deber lo convirtió en desafío, se midió con animales de otra especie, con los depredadores de gol del continente, y ganó. Se llevó la Bota de Oro al goleador europeo de la pasada temporada y el mes pasado festejó su gol número 200 con la malla del Roma.

Sólo él vistió esa camiseta más de 388 veces en la Liga. Sólo él la defendió más de 500 veces en la historia del club. Sólo un monumento le está faltando a la ciudad.

Santiago Solari, El País 03/03/2008

jueves, 28 de febrero de 2008

Generación Casillas

Reportaje que se emitión en el programa de Canal Plus "Informe Robinson" que cuenta como le ha ido la vida a los compañeros que tuvo Iker Casillas cuando estuvo en el Real Madrid C.
Hay momentos muy emocionantes en el reportaje que muestra lo díficil que es llegar a ser futbolista de élite.

1ª parte



2ª parte

jueves, 21 de febrero de 2008

¿Sabías por qué se dice AC Milan y no AC Milán?

Los periodistas deportivos no suelen ser ejemplo de formación cultural. En sus crónicas y columnas abundan tantas frases hechas, faltas ortográficas y patadas al diccionario (patadas a los libros, como en la obra “En juego” del artista Eugenio Ampudia”) que defenderlos suele ser casi imposible. Sin embargo, en ocasiones se les recrimina cuestiones en las que no yerran. Una de las más típicas, es la de argumentar que no se dice AC Milan, sino AC Milán, porque el nombre de la ciudad es, efectivamente Milán y no Milan. Sin embargo, quienes afirman esto están equivocados. El club de fútbol rossonero fue fundado por ingleses en 1889 bajo el nombre de “Milan Cricket and Football Club”, con el nombre de la ciudad en el idioma de Shakespeare y los Sex Pistols. Por ello, el club es correctamente referido como “Milan”, con acento en la “i”, a diferencia de la ciudad.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, los periodistas deportivos tienen toda la razón.

Maldini Milenario

Paolo Maldini jugó con el AC Milán su partido profesional número 1.000


El emblemático defensa y capitán del AC Milán, Paolo Maldini, disputó a sus 39 años su partido profesional número 1.000 este sábado, en el encuentro de la 23ª jornada de la liga italiana de fútbol que su equipo empató sin goles con el Parma.

Maldini entró en juego en el minuto 68, en sustitución del lateral izquierdo checo Marek Jankulovski. Según La Gazzetta dello Sport, el capitán del equipo campeón de Europa jugó 981 de esos 1.000 partidos como titular (en club y en selección), de los que disputó 916 íntegramente.

El defensa, que cumplirá 40 años el próximo 26 de junio, pondrá fin a su carrera al finalizar esta temporada. Debutó como profesional el 20 de enero de 1985 en un partido del Calcio contra el Udinese y desde entonces ha defendido ininterrumpidamente durante 24 temporadas los colores del AC Milán.

Con su club, Maldini ha ganado siete ligas italianas (1988, 1992, 1993, 1994, 1996, 1999 y 2004), una Copa de Italia (2003), cinco Ligas de Campeones de Europa (1989, 1990, 1994, 2003 y 2007) y tres Mundiales de Clubes, la antigua Copa Intercontinental, (1989, 1990 y 2007).

Entre los muchos récords de su larga carrera, figura el de mayor número de selecciones con Italia (126 entre 1988 y 2002), el de partidos europeos (170) y el de partidos en la Serie A (611).

Sin embargo, nunca ha ganado un gran título con la 'Nazionale'.

sábado, 16 de febrero de 2008

El murciélago de 8.000 millones

Pongo en el blog este artículo de "Diarios de Fútbol" sobre Mendieta.
Me da una gran nostalgia recordar a este jugador porque, a pesar de no ser valencianista, me hizo vivir momentos estupendos como aquella final de Copa del Rey al Atlético o los partidos contra el Barcelona con ese "Piojo" López o Adrian Illie dando carreras y marcando goles a diestro y siniestro.


En el intento de evocar a un jugador que haya creado inquietud en algún momento de nuestra vida o del que hayamos tenido referencia en alguna ocasión, la gran mayoría de las veces toca virar demasiado tiempo atrás. Pero no siempre la imagen aparece en blanco y negro o difuminada por los años, porque hay quienes aunque parecen retirados, jubilados o con las botas colgadas en el tranquilo balcón del pueblo, aún entrenan diariamente buscando unos minutos que no llegan.

Esas botas, que ya no tendrán mayor filigrana en el futuro, son las mismas que lograron alcanzar dos finales de Champions, levantar una Copa del Rey y pisar suelo mundialista no hace demasiado. Y es que pese a que a algunos ídolos hay que recordarlos tiempo atrás, hay otros que siguen su rutina pese a que nadie les recuerde. ¿Les suena un tal Gaizka Mendieta?

En la vida de aquél chico de atractivo pelo rubio, se cruzaron demasiados intereses, todos ellos desvirtuados y que tuvieron en uno de los mejores jugadores de finales de los 90 y principios de siglo, a su particular ‘cobaya’ vengativa y, desde luego, financiera. Esos hombres, con únicas intenciones de hacer del juego su banca de ingresos particular, lastraron (a mi parecer), una de las carreras más prometedoras del fútbol español en los últimos tiempos. Mendieta se vio envuelto en una ‘guerra’ en la que el sólo era un campesino que cada domingo cultivaba con su juego los bolsillos de quienes vieron en el un filón mediático, una bomba tan deseada como mal mecanizada que, como no podía ser de otra manera, acabó estallando en pedazos, los mismos que hoy aún perviven en la sombra.

El vasco tuvo la mala suerte de ser el ‘deseado’ de Florentino Pérez cuando mayor era su éxito en Mestalla y el entonces presidente, Jaime Ortí, vio en el la gran oportunidad para vengarse de la operación con Mijatovic años anteriores. Aquella, la del montenegrino, terminó con Pedja triunfando de blanco aunque siendo tachado de Judas en tierras de la naranja y la de Gaizka, siendo repelido allá por donde pasó debido al alto precio que le habían echo pagar aquellos ‘guerreros financieros’. ¿Con cual se hubiera quedado?

Antes de que llegara el momento clave de su trayectoria, había llenado el corazón de todos los valencianistas poco a poco. Lenta pero ascendente. Así fue la progresión del chico que llegó a Valencia en 1991 cuando había sido recomendado desde el Castellón y que, en sus primeros partidos como ché, le tocó aplicarse en el lateral derecho (esa posición para la que parece que cualquiera puede valer). Pese a que en el cuadro blanquinegro había destacado como organizador, con Ranieri no ocupó puestos de mando y tuvo que ser Cúper quien le adelantara y le otorgara libertad, algo que el bilbaíno aprovechó como pocos dentro de un esquema eminentemente defensivo.

Con el argentino, aquél chico dorado terminó de explotar y su virtuosismo llegó en cualquier faceta del juego. Se consumó como especialista en penaltis con una técnica arriesgada que consistía en esperar al movimiento del portero, profundizó en los lanzamientos de faltas y, sobre todo, mejoró hasta decir basta en una técnica individual que dejó detalles y escenas históricas. El gol al Atlético en la final de Copa, el de volea en el Camp Nou o el penalti ante Kahn en la finalísima europea de San Siro, son ya parte de nosotros, de los que le vimos disfrutar.

Y es que su sonrisa se acabó allí. Tras la disputa ya mencionada entre Real Madrid (ofreció 4.000 millones más Savio, Salgado y Tote) y Valencia, el jugador quedó tocado pues ya había declarado su intención de ir al Bernabéu mientras su presidente se negaba a venderlo. Los blancos compraron a Zidane y Gaizka quedó en ‘paños menores’ y obligado a salir, con lo que apareció la Lazio (por entonces millonario) y puso casi 8.000 millones de las antiguas pesetas para llevarse al icono che.

Sin embargo, la llama se apagó y aquella versión jamás fue disfrutada en el Olímpico, como tampoco lo haría en el Camp Nou (fue cedido en Barcelona una campaña) ni en el Middlesbrough donde, aunque muchos no lo supieran, sigue entrenando. En Riverside, sólo algunos goles han reflejado su presencia y las lesiones lo tumbaron por completo hasta dejarlo en la sombra más absoluta y sin un solo minuto de juego en todo el año. Ahora, cuando su técnico le ha dado la espalda y su contrato finaliza este verano, Gaizka sí colgará definitivamente las botas. Por más que en Bilbao quisieran convencerlo.

El murciélago del escudo del Valencia, tal y como le tachó Pedro Cortés, jamás levantó la cabeza del suelo, los 8.000 millones resultaron más que anestesiantes.

martes, 12 de febrero de 2008

Footiemap

Página curiosa en la que se puede ver la situación geográfica de infinidad de estadios de fútbol a lo largo de los cinco continentes.

http://www.footiemap.com/

domingo, 10 de febrero de 2008

Entrevista a Armando.

Entrevista publicada en el diario AS.

Armando Ribeiro-De Aguiar Malda (Sopelana, 1971) juega hoy en San Mamés como portero del Athletic. Es el futbolista con más edad en hacerlo como rojiblanco.


¿Cómo empezó usted en esto?
En el Ugueraga, equipo de mi pueblo. Siempre de portero. Con seis años, mis padres me regalaron unos guantes y hasta ahora. Tuve a Izcoa de entrenador; jugó en Granada, Zaragoza Se acordará de él.

Perfectamente: buen portero.
Y buen profesor, él me dio las primeras lecciones. De ahí salí para Logroño, me llamó Lotina.

Y empezó su peregrinaje.
Sí, tenía 17 años. Estuve cuatro años en el Logroñés, en el filial, entre Segunda B y Tercera. Una tarde debuté en la Copa del Rey, con el primer equipo, digo. Fue contra el Manacor. De ahí pasé al filial del Sporting, firmé cinco años pero no me adapté y volví a casa, al Alavés, en Segunda B. Estuve tres años, el último subimos a Primera. Entonces ficharon a Kike Burgos y nos juntamos tres porteros. Me fui al Barakaldo, pero a los tres meses me llamó el Cádiz y estuve allí diez años.

¿Fue entonces cuando se tomó decididamente el fútbol en serio?
Quizá por lo lejos que quedaba mi casa, porque en Vitoria fui padre por primera vez y cuando pasa eso te planteas la vida más de verdad que nunca. La mejor decisión de mi vida fue irme a Cádiz.

Sus hijos eran los más hinchas del Athletic en la Tacita, me cuentan.
Alain e Iban son del Cádiz y del Athletic, como no podía ser de otra manera. Nos recibieron con los brazos abiertos, en lo personal, Cádiz y su gente formarán siempre parte de nuestras vidas. Además allí logré lo que ansiaba, jugar seguido. Viví los ascensos, fui el portero menos goleado de Segunda, el Zamora

Y los amarillos le colocan como el portero del equipo ideal de la historia de su club.
¡Es que me quieren mucho, ja, ja!

Y vivió aquellos días de angustia cuando el club estuvo a punto de desaparecer.
Sí, llegamos a dormir en el estadio, nos encerramos con todas las de la ley. Fueron los primeros años en Segunda B, llegamos a estar cinco meses sin cobrar. Yo sé lo que es no llegar a fin de mes Y estaban los hijos, claro, una responsabilidad tremenda.

¿Qué no se le ha olvidado de todo aquello?
Que los restaurantes vecinos al campo nos traían de comer y cenar, que nos repartíamos el taquillaje y nos daba para unas diez mil pesetas por jugador, que yo dormía en una colchoneta con mi hijo mayor, que acabó siendo el juguete de todos Que gestionábamos publicidad para sacar un dinero extra y la solidaridad de la gente: jugamos partidos con quince mil personas en Carranza que venían para ayudarnos. Orúe era el entrenador y Ángel Férez el de los porteros, estaban Abraham Paz, López Maduramos todos de golpe y el ascenso posterior a Primera se forjó ahí, no me cabe la menor duda. Nació un grupo que se hizo fortísimo en la adversidad y pudo con todo. Hasta que llegó Antonio Muñoz y se despejaron las nubes.

Me da la impresión de que no se le ha reconocido a Muñoz todo lo bueno que hizo por el Cádiz.
Tiene razón, es así No sólo vivimos el ascenso sino que un campo que se caía fue remodelado perfectamente, los campos de entrenamiento eran malos y hoy son la envidia de muchos clubes; cogió al Cádiz casi muerto y le dio la vuelta como a un calcetín. Merece reconocimiento eterno.

Sigue hablando con pasión de todo aquello.
Es que yo le debo todo al Cádiz, ¡soy un vizcaíno de Cádiz! Me entregué en cuerpo y alma, lo llevaré siempre en el corazón. En esta vida hay que ser agradecido y lo soy.

Y un día le llamó Joaquín Caparrós. ¿Se conocían? ¿Cómo recibió la noticia de que lo quería fichar para el Athletic nada menos?
Personalmente no nos conocíamos. Sabía de él por su peregrinar por el fútbol andaluz, sólo eso. Y mi fichaje fue muy rápido, se coció en tres días. Al principio no terminaba de creérmelo. Me decían que estaba entre los candidatos y todo eso, pero en un abrir y cerrar de ojos me vi camino de Bilbao.

¿Se llegó a asustar?
No, a lo sumo di un suspiro profundo, un ¡buffff! Era vestir los colores con los que había soñado de niño, los del Athletic. Todos los chavales vizcaínos soñamos con jugar en San Mamés. Era volver a mi casa, a mi madre, a mi hermano, a la tierra donde viviré el resto de mi vida. Eran muchas sensaciones a la vez. Y conste que estaba felicísimo en Cádiz.

Y esta tarde, la Catedral.
Defender la portería que fue de Iribar me pone la piel de gallina, ¡es el colmo! Lo conozco del pueblo, pues vive en Sopelana. Verle da mucho respeto. El me llevó a la selección de Euskadi, es un ídolo. ¡Es que sigo pellizcándome para convencerme de que esto es verdad!

Todo en usted es un cuento de hadas; en Primera debutó con 34 años cumplidos.
Sí, hace dos. En Zaragoza dispute mi partido número 26 en la máxima categoría. Tengo 37, la misma edad en la que se retiró Iribar Pero no me he enfrenté a los grandes porteros de la categoría hasta hace dos, sí. A Zubizarreta le recuerdo en un Logroñés-Barça que viví desde el banquillo. A él, a Buyo, a tantos otros, los he visto por la tele Pero no me tengo por un caso único, ¿eh?

¿Y eso?
Todo lo que vivo es fruto del trabajo. Jamás me rendí ni bajé los brazos. Casos así hay a montones en la vida. Yo fui siempre positivo. Siempre supe que si me entregaba iría cumpliendo sueños. Firmé por el Athletic y me puse a trabajar, lo que he hecho toda mi vida.

Y llegó el estreno en La Romareda. ¿Hay nervios a los 37 años?
No los sentí. Salí a jugar muy tranquilo, pero era consciente de que adquiría una gran responsabilidad. Es muy bonito ver al Athletic, pero hay que dar la cara y más si eres el portero. No tuve mucho tiempo para pensar más que en concentrarme en el juego, en conocer lo más deprisa a los compañeros, todo eso.

Pero perdieron.
Sí, fue lo triste del gran día. Y casi empatamos al final, lo que te das más coraje porque necesitamos sumar de a tres puntos: el reto es ganar cuanto antes la permanencia.

Le presentaría tres amigos hinchas del Athletic que firman la permanencia en la última jornada. ¿Exageran?
¡Confío que el equipo lo consiga mucho antes! Hay casta en este equipo, hambre de fútbol y de hacer las cosas bien, buenos futbolistas, está San Mamés... Mi receta, también para sus amigos, es que nos planteemos cada partido como si fuera el último. Que hagan lo que yo, que me he acostumbrado a vivir al día. Me planteo hacerlo bien, entrenarme como una bestia y disfrutar con mi gente lo que estoy viviendo.

Llega el Levante a San Mamés. Tiene peligro, ¿eh?
Mucho. Y ya me han puesto al día de la mala experiencia del año pasado con el Nàstic, que nos ganó por 0-2. El Levante no tiene nada que perder y últimamente le están saliendo mejor las cosas. Debemos recibirle como si fuera el líder y centrarnos en ellos, no en lo que vaya o no vaya a pasar dentro de un mes.

Por cierto, ¿cómo le recibió Aranzubia?
Se ha portado conmigo como un señor. Desde el mismo momento en que se enteró de que en Zaragoza iba a jugar yo estuvo a mi lado pese a que su situación no puede ser cómoda. Y después del partido me felicitó.

¿La relación entre los porteros es la más difícil en un vestuario?
No tiene por qué serlo. Ocupamos el mismo puesto y sólo puede jugar uno, pero por encima de todo está el equipo, el Athletic en este caso. El éxito sólo es posible si nos involucramos todos, los 25

Dice que vive al día y lo confirma que firmó un contrato por cinco meses.
No me importó. Me encuentro bien, saquemos esto adelante entre todos y luego veremos qué pasa. Si uno tiene la cabeza bien no hay quien le pare y la mía funciona.

Es curioso que fuera usted a llegar a Bilbao precisamente el año que menos jugaba. Seguro que lo ha pensado.
Sí, claro. El mercado no es grande, te puede llegar tu momento cuando menos lo esperas. Después de nueve años jugando, llevaba cuatro meses sin hacerlo y me llamaron. Mi confianza está en que me entreno como si fuera el último día, nunca me conformé con no jugar. Y, bueno, me comí todo el asunto Baldasano, cuya filosofía era que los que llevábamos tantos años en el club no valíamos. Firmaron diez jugadores y en octubre se dieron cuenta de que no era tan fácil la cosa y se marcharon. Sufrí una gran decepción. En materia de porteros nos juntamos tres que habíamos estado en Primera y que teníamos nuestras cualidades: Contreras, Limia y yo. Una de tantas cosas de locos de aquella etapa.

¿Qué tal con Contreras, que es el titular?
Muy bien, es un chaval sensacional. Nos ayudábamos, como también con Limia y con Férez. Les deseo lo mejor.

¿A que a varios jugadores del Athletic les convendría estar algún tiempo sin cobrar y vivir lo que usted ha vivido?
No, no. Eso no se le puede desear a nadie. Yo, lo que digo, es que todos los que formamos el Athletic debemos de ser conscientes de lo que tenemos. Lezama es increíble, por citarle un ejemplo Jugar aquí es muy grande.

Aunque sea cinco meses.
Sólo me importa el presente, de verdad. Colaborar para que el equipo salga de abajo lo antes posible. Si uno tiene fe y aporta lo que se espera de él, seguro que llega la recompensa. Y si llega junio con el equipo a salvo y me dicen que me vaya, lo haré encantado de la vida. Y agradecido. Mi sueño estará cumplido.

Va a tener usted suerte, Armando. Y no se equivoque: su caso no es normal. Y no por llegar con 37 años al Athletic sino por cómo habla del fútbol, de la vida
Bueno Muchas gracias.

Tomás Guasch | 10/02/2008

miércoles, 6 de febrero de 2008

Los inmortales 'Busby Boys'

El miércoles se cumplen 50 años del accidente de avión en Múnich que costó la vida a ocho jugadores del Manchester United y rompió aquel mítico equipo de los Busby Boys, los chicos de Matt Busby, el técnico que sobrevivió y construyó otro United que conquistó la Copa de Europa en 1968. El Manchester honra a sus héroes.

Fugaces como son los grandes equipos, aquél murió casi antes de haber nacido. En realidad, fue un sueño de Matt Busby y sus muchachos, The Busby Boys, que, sobre un campo bombardeado por los alemanes, conquistaron primero el fútbol inglés y después prometieron disputarle la supremacía europea al Real Madrid. Compartían espíritu, juventud y talento. Repartían cartas y risas en el avión que los traía de vuelta a casa tras eliminar al Estrella Roja, en Belgrado, clasificados para las semifinales de la Copa de Europa, cuando pararon a repostar en Múnich. Al tercer intento de despegue, aquel vuelo 609 de la British European Airways se estrelló contra una casa a las 15.04 del 6 de febrero de 1958. El miércoles se cumplen 50 años.

El Manchester United rinde tributo esta semana a los 23 fallecidos, ocho de ellos futbolistas. Tommy Taylor, el delantero centro, de 26 años; Robert Byrne, lateral izquierdo y capitán, de 28; Geoff Bent, callado suplente, de 26; Mark Jones, mediocentro fumador de pipa, de 24; David Pegg, extremo, de 22, hijo de un minero de Yorkshire y que disfrutaba escuchando a Frank Sinatra junto a Liam Whelan, el interior de Dublín, de 22; Eddie Coleman, travieso interior derecho, de 21, y Duncan Edwards, el niño prodigio de 21, medio izquierdo, que murió desangrado 15 días después. Les arrancaron el corazón a los Busby Boys, aunque los supervivientes mantuvieron viva la memoria hasta hoy. El más célebre, Bobby Charlton, que era apenas una promesa de 20 años, ha pasado estos días por los colegios de Manchester contando a los niños lo que significó aquella época.

Los 50 fueron años de luz en Inglaterra en contraste con los oscuros 40 de la posguerra. La vida comenzaba a avanzar y a distanciarse de la cartilla de racionamiento y del mercado negro. Los más afortunados se compraban unas botas del extremo Stanley Matthews, la estrella del momento. Era el apogeo de James Dean en el cine y la música de Bill Haley con Rock around the clock. En Gran Bretaña triunfaban Tommy Steele y Frankie Lymon and The Teenagers. ¿El fútbol? Pesado y autocomplaciente, con los estadios llenos, si bien otra gran tragedia ya le había sacudido: el accidente aéreo de 1949 en el que murió todo el Torino.

Ferenc Puskas dio una lección a los inventores del juego. Hasta entonces, un delantero centro era un tipo poderoso que trataba de arrasar a los defensas. Los húngaros tuvieron una idea. Su 9, Nandor Hidegkuti, jugaba como un enlace con la media, abriendo espacios para sus compañeros de ataque, Puskas y Kocsis, e incorporándose por sorpresa al gol. Hungría ganó a Inglaterra por 3-6 en Wembley y después por 7-1 en Budapest, lo que obligó a replantearse las cosas en las islas. El Manchester United adoptó el estilo húngaro. Y el entrenador, Matt Busby (1904-1994), capitán de Escocia en su etapa de jugador, iba a impulsar lo mejor de la cantera nacional. Entre él y Stan Cullis, técnico del Wolverhampton, transformaron el fútbol inglés y lo acercaron al del resto de Europa. Su lema hizo fortuna: un jugador es lo bastante mayor siempre y cuando sea lo suficientemente bueno.

En 1955-56, el Manchester ganó la Liga con un juego entusiasta, poderoso y alegre, reconocido rápidamente en todo el país. E inspiró dos apodos legendarios: The Busby Boys y The Red Devils. Cuando Busby llegó al cargo, en 1945, se encontró con excelentes futbolistas y un campo maltrecho por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Busby era un hombre obsesionado con la necesidad de construir. Un purista. Le gustaba que los futbolistas se expresaran en el terreno. Tenía una mirada amplia y abierta. Quería abrir el Manchester al mundo.

De las cenizas de Múnich, Busby levantó el United a partir de tres supervivientes: Bobby Charlton, Harry Gregg y Bill Foulkes. Fichó, entre otros, a David Herd, Albert Quixhall y Dennis Law antes de descubrir, en 1964, al mayor artista norirlandés: George Best. Con ellos conquistó la Copa de Europa de 1968 al Benfica, en Wembley, el primer club inglés en lograrlo.

Claro que no todo el mérito fue de Busby. Su fiel asistente, James Murphy (1910-1989), asumió los mandos mientras el primer entrenador se recuperaba de graves heridas en las piernas en un hospital de Múnich. "Estaba completamente solo y tuve que rehacer un equipo", recordó Murphy; "fue importante coger futbolistas de fuera de Old Trafford, fuera del ambiente de muerte de Manchester y de toda la emoción". Trece días después de la tragedia, el Manchester disputó la Copa inglesa contra el Sheffield en su mítico estadio. Sesenta mil espectadores crearon un ambiente electrizante. Las alineaciones contenían once espacios en blanco en vez de los nombres de los jugadores. Los hinchas corearon los de los fallecidos. El United venció por 3-0. "Me dieron pena los chicos del Sheffield", dijo Charlton; "para los aficionados sólo había un equipo, el nuestro". Tres meses después, Busby presenció con muletas la final de la Copa perdida ante el Bolton (2-0). Todos cantaron ese día en Wembley Abide with me (Resiste junto a mí) cuando los jugadores salían del vestuario. Los chicos del United lucían un blasón en el pecho de sus camisetas, el emblema del ave Fénix renaciendo de sus cenizas. "Tras perder ante el Bolton, fue peor que nunca", evocó el defensa Foulkes; "al volver a Manchester, nos esperaban millones de personas".

De los tres equipos que levantó en 25 años en el United, Busby le explicó al periodista John Roberts, autor del libro The team that wouldn't die, cuál fue su preferido: "A los más viejos les puede gustar mi primer equipo, el que ganó la Copa de 1948. Otros prefieren el que precedió a la tragedia, los Babes. Y otros, por la magia de Charlton, Best y Law, dirán que el que conquistó la Copa de Europa de 1968, aun sin el lesionado Law. El de antes de Múnich fue potencialmente el mejor que he visto. Estaba a punto de arrebatarle la corona al Madrid".

"¿Eres tú, Jimmy? ¿El partido ante los Wolves es a las tres?", susurró Duncan Edwards, echado en la cama del hospital de Múnich, al recibir la visita de James Murphy. A pesar de las heridas mortales, Edwards pensaba en jugar ante el Wolverhampton. El volante izquierdo sólo jugó en Primera cuatro años, nueve meses y seis días, convirtiéndose en el James Dean del fútbol inglés. "Era tan bueno con la derecha como con la izquierda", lo describió Bobby Charlton; "podía meter un balón a 30 metros y era sólido en la defensa y bueno en el juego aéreo. Recuerdo una anécdota: en una semifinal ante el Chelsea, Murphy nos dijo que evitáramos la dependencia de Duncan. Que éramos un equipo sobrado de talento. Al llegar 0-0 al descanso, nos gritó: 'Pasadle a Duncan'. Ganamos el partido". Edwards fue también la debilidad de Busby, que lo comparaba con Best por la tranquilidad con que se tomaban los partidos. "Nada podía pararlo ni ponerle nervioso. Y tenía una frase talismán: 'Eh, chicos, no hemos venido aquí para nada".

A los 11 años, Duncan ya jugaba con chicos de 15 en el Dudley, el conjunto de su ciudad. A esa edad se lo llevó el Manchester United y lo hizo debutar en Primera a los 16 años y 184 días frente al Cardiff City. Ganó dos Ligas consecutivas y en 1957 llegó a las semifinales de la Copa de Europa, en las que cayó ante el Madrid de Di Stéfano. Por el camino logró resultados espectaculares: un 12-0 al Anderlecht o un 5-6 en el cómputo global ante el Athletic. Se estrenó con la selección a los 18 años y 183 días, registro sólo superado por Michael Owen en el Mundial de Francia 98. Debutó en la aplastante victoria ante Escocia (7-2) y causó sensación ante la Alemania que venía de proclamarse campeona del mundo en Suiza 54. Marcó cinco goles en 18 partidos internacionales.

El espíritu de Busby ha perdurado a lo largo del tiempo. El Manchester ganaría dos Ligas, 1965 y 1967, antes de iniciar un declive que acabó con el descenso en 1974. Resurgió ya con Alex Ferguson, otro escocés, en el banquillo desde 1986. Él también apostó por la juventud y consiguió casi un milagro: dar prioridad al fútbol en un club convertido en un negocio multimillonario.

Sus diablos rojos se vestirán el domingo como hace 50 años. Los números del 1 al 11, la camisa clásica roja, los pantalones blancos y las medias negras, con el cuello en forma de v en vez de la camiseta abotonada de la primera mitad de aquella década. Les espera el Manchester City en Old Trafford. Ese equipaje, que no será comercializado, es el que llevaban en Belgrado un día antes de la tragedia.

El mejor recuerdo para los inmortales Busby Boys.

Cayetano Ros, en El País

martes, 5 de febrero de 2008

La ley Webster y sus consecuencias

Este post está extraído de la web "Notas de Fútbol", e intenta explicar como funciona la Ley Webster y a lo que se podría llegar en un futuro.

Todos recordamos lo que la ley Bosman significo para el mercado futbolístico europeo, en cuanto a libre mercado y a la desaparición de la figura del jugador extranjero tal y como la conocíamos. Pues un nuevo movimiento sísmico se augura en el futuro del mercado futbolístico. ¿La razón? La ley Webster, en homenaje al jugador escocés Andy Webster.

En el 2006, Andy Webster militaba en las filas del Hearts, y ya que había cubierto un ciclo dentro del equipo, más bien no llegó con el presidente del club a un acuerdo de renovación, decidió cambiar de aires. Ante eso, el club le presionó sin dejarle jugar e impidiendo su marcha. Dado el cariz que estaba tomando todo, el jugador buscó una salida, acogiéndose al artículo 17, apartado 1, del Reglamento sobre el Estatuto y el Traspaso de Jugadores de la FIFA, por el que al ser un jugador menor de 28 años y estar cumpliendo el tercer año de un contrato firmado por cinco, sólo tenía que abonar al club un dinero en compensación por incumplimiento del contrato (sería un porcentaje de lo firmado por las dos campañas que le quedaban de acuerdo al sueldo que cobraba). Obviamente el Hearts no estaba conforme con esa cantidad y buscó una resolución judicial, la Cámara de Disputas de la FIFA obligó a Andy Webster a pagar 625.000 libras. El jugador, como era de esperar, recurrió en el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) de Lausana, que le acaba de dar la razón condenándole a pagar 150.000 libras, correspondiente al valor residual del contrato laboral entre Webster y el Hearts.

¿Qué significa esto? Que a partir de este precedente los jugadores tienen la sartén por el mango, pudiendo decidir cómo y cuando romper la vinculación con su club.

La situación con la ley Webster quedaría de la siguiente forma: si un jugador menor de 28 años, firma un contrato por cinco años, el periodo de protección para el club abarcaría hasta los tres primeros años, si el jugador tratase de marcharse en ese periodo, quedaría inhabilitado por 4 meses y el club de destino sancionado sin poder comprar en los dos periodos de fichajes siguientes; si el jugador decide romper el contrato a partir del cuarto año, tendría que indemnizar a su club con una doble compensación, por la parte correspondiente a los dos años de contrato no cumplidos cuando se realizó la compra, y por los dos años que aún le quedarían pendientes de cumplir (la primera parte de esta regla quedaría anulada si se produce una renovación). En todos los casos, la compensación siempre iría relacionada con el dinero que estuviese cobrando el jugador por su sueldo.

¿Qué pasa si el jugador es mayor de 29 años? Qué solo tendría que pagar la parte correspondiente del sueldo que deja de ganar.

¿Qué supone esta ley? Que el mercado de fichajes quedaría patas arriba de un plumazo. Ya no se tendría que abonar cifras astronómicas por cada fichaje, y los jugadores verían sus ganancias más relacionadas con el importe que suelen poner los clubes por la carta de libertad de cada uno de ellos. Así, poniendo un ejemplo, ni Cristiano Ronaldo, ni Cesc, costarían más de 12 millones de libras el fichaje de cada uno en 2010. Esa es la implicación real de la ley Webster. La FIFA está muy molesta con esta situación, sobre todo en la idea de su defensa de los clubes más modestos para retener jugadores. Veremos como evoluciona todo, y como queda el maremoto que va a montar el fallo del TAS.

lunes, 4 de febrero de 2008

La bomba inteligente de Cristiano Ronaldo



Gol de Cristiano Ronaldo contra el Porstmouth el 30-01-2008.
Aquí va la bomba inteligente de Cristiano Ronaldo, del estilo a la de Roberto Carlos en Saint-Denis. Personalmente la de Roberto Carlos me parece más espectacular, pero creo que ni él mismo sabe como le pegó; en cambio, pienso que Cristiano Ronaldo tiene calidad, y conocimiento, para repetirla alguna vez más.

martes, 13 de marzo de 2007

Mágico, el genio dormido


Esto es un artículo de opinión que ha aparecido hoy en el diario deportivo As, pero no he podido resistir la tentación de subirlo al blog.

La memoria en el fútbol acostumbra a ser corta y con frecuencia ingrata e injusta. Jugadores que fueron muy grandes son olvidados sin remedio cuando pasa su momento. Dueños de portadas y grandes titulares que reflejaron sus hazañas, su nombre es para muchos sólo un recuerdo lejano de épocas pasadas. De entre todos estos ex jugadores que nunca han sido valorados en su justa medida y cuyo fútbol estuvo muy por encima del reconocimiento general que han recibido, el más sobresaliente, sin duda, es Jorge Mágico González, el futbolista, junto a Diego Maradona y Zinedine Zidane, con más talento de las tres últimas décadas.
Idolatrado en su país, El Salvador, y elevado a la categoría de mito en Cádiz, Mágico sólo ha sido tratado en su justa medida en sus dos tierras. Porque Mágico es tan gaditano como salvadoreño. En El Salvador nació y allí vive después de alejarse del fútbol de alto nivel. Pero en Cádiz pasó los años más intensos y apasionantes de su vida. Y eso es mucho decir en una vida como la de Mágico.

Su repertorio futbolístico era tan extenso como las anécdotas que se cuentan de su vida, aunque en alguna de ellas la leyenda camine de la mano con la realidad. Dueño de una técnica prodigiosa, el balón le obedecía de tal manera que hasta el mismo Maradona quedó tan asombrado que llegó a declarar que Mágico era mejor que él. Diestro, la pegaba casi igual de bien con la izquierda, regateaba y amagaba con la misma facilidad con la que uno se bebe un vaso de agua. Con naturalidad. Porque para él, superar a un defensa y dejarle en el suelo con las piernas hechas un lío era lo más normal del mundo. Tiraba caños, hacía sombreros, una rabona si era necesario, pero todo con un fin. Porque su objetivo era llegar al gol a través del espectáculo. Y los marcó de todas las maneras posibles. Desde dentro del área, desde fuera, a un toque o después de regatear a cuantos incautos rivales le salieran al paso. Y si él no podía hacerlo, siempre sabía dónde estaba el compañero mejor situado para cederle la pelota e invitarle a marcar. Un genio.

Una estrella, un crack, en la dimensión más amplia del término, de los que ya no hay. Y una persona con un corazón enorme. Nunca entendió su profesión como una obligación, sino que la saboreó desde la devoción, una excusa, en definitiva, para el disfrute y la alegría. Porque así ha interpretado siempre la vida y así lo sigue haciendo.

Lleva ya muchos años alejado de la elite, pero puede que no hayan sido suficientes para recuperar esas horas de sueño que se dejó en la noche gaditana, una noche que disfrutó al máximo. Por eso no era raro que se quedara dormido en los descansos de los partidos o en la camilla mientras recibía el masaje un fisioterapeuta. Nadie se sorprendía, así era Mágico, un hombre que fue invitado por el Barcelona a jugar con ellos en una gira por Estados Unidos. Antes de partir, cuando ya estaba sentado en el avión, Mágico decidió bajarse justo antes de despegar. Se sentía fuera de sitio.

Esa prueba con el Atalanta

Porque su sitio siempre estuvo en Cádiz y en Italia lo saben muy bien. Pocos clubes se interesaron tanto por su fichaje como el Atalanta, que insistió hasta tal punto que Mágico aceptó viajar a Bérgamo para pasar una prueba. Lo que no sabían los italianos era que ese día, Mágico saltó al campo con la intención de jugar de la peor forma posible para que el Atalanta no le contratara, se olvidara de él y le dejara vivir tranquilo en su Cádiz. En ese momento, Mágico no entendía la vida fuera de Cádiz. Salió por un instante para militar en el Valladolid, pero no tardó en regresar para vestirse la camiseta amarilla con el número 11.

Tanto significaba deportiva y emocionalmente para el Cádiz, que mediados los 80 el club, presidido por Manuel Irigoyen, le ofreció un contrato fabuloso de 50 millones de pesetas al año. Pero con una cláusula por la que Mágico debería pagar medio millón de pesetas por cada acto de indisciplina que cometiera. Mágico se levantó de la mesa después de escuchar la oferta y la rechazó alegando que si firmaba esa cláusula, al final de temporada iba a tener que poner dinero. Ni Mágico se fiaba de Mágico.

Pero sus rivales le temían, como relató hace poco Michael Robinson en las páginas de As. En una charla técnica previa a un enfrentamiento entre Osasuna y el Cádiz, el entrenador navarro señaló a Castañeda y le dijo que él sería el encargado de marcar a Mágico. Castañeda, muy serio, respondió que no sabía si Mágico se iba a presentar, que si se presentaba no sabía si le iba a apetecer, pero que si se presentaba y le apetecía que no contara con él para marcar al salvadoreño.

Y es que Mágico era un futbolista tan imprevisible como lo es como persona. Un ser humano generoso como pocos, siempre dispuesto a ayudar a los más desfavorecidos. Como ese día en el que se cruzó por las calles de Cádiz con un mendigo, se paró frente a él y le vio los pies desnudos, se quitó los zapatos y se los regaló, sin importarle que él tuviera que regresar descalzo a casa. Mágico, un grande dentro y fuera del campo.

lunes, 12 de marzo de 2007

Gran Messi


Fenomenal partido ,con 'hat-trick' incluido, el que se marcó Messi en el Nou Camp a pesar del empate a tres.
Es el tipo de jugador que siempre me ha encandilado, un futbolista eléctrico y con capacidad de resolución. Esa manera de encarar a los rivales, esa velocidad endiablada, esa 'gambeta' tanto corta como larga, y ese carácter ganador que tiene.
Creo que tengo un nuevo idolo a nivel futbolístico. Tiene lo que tienen casi todos mis espejos futbolísticos; velocidad y carácter competitivo. Se ve que uno envidia lo que no tiene, porque la verdad es que de velocidad ando escaso. De lo segundo creo que voy bien servido.
Lástima de su fragilidad física, pero espero que eso no malogre la gran carrera que espero ( y ojalá) tenga.