miércoles, 6 de febrero de 2008

¡Brindemos con champán por los muertos!

La milagrosa. Mi familia y la comparsa sufrieron el acoso de aficionados, políticos y prensa por ser vicepresidente de la Asociación de Autores l En verano llegó un calvario que me costó una depresión


"La milagrosa" es uno de los grandes cajonazos de la historia del Carnaval.

DESDE hacía varios años formaba parte de la directiva de la Asociación de Autores del Carnaval de Cádiz, yo era el vicepresidente, la mano derecha de José Antonio Valdivia Bosch, un hombre que ha dado hasta el corazón, nunca mejor dicho, por un concurso que no siempre saca lo mejor de los gaditanos. Un día sí y otro también quedábamos en una cochambrosa habitación en la calle Ancha para intentar cambiar las normas anticuadas de un concurso que asfixiaba a los verdaderos creadores del gran circo de Cádiz, pero no pensábamos que nos iba a costar la salud. Pretendíamos que los autores hicieran el concurso -algo de lo que ahora me arrepiento porque he comprendido que es del todo imposible- y que éste no estuviera bajo el auspicio del Ayuntamiento que siempre nos aseguraba que perdía dinero con el mismo. Aun así no lo soltaban y no tuvimos más remedio que poner a la Fundación Gaditana del Carnaval en un verdadero aprieto: "Pues nada, haremos un concurso paralelo". Me consta que pensaron que era un farol pero cuando vieron la respuesta del colectivo la historia fue bien distinta y empezó la fiesta. Por primera vez en la historia casi todos estábamos de acuerdo en algo, lástima que al final la mayoría también estuvo de acuerdo en dejarnos solos. La radio ya no podría estar en las bambalinas, había que acabar con la reventa, el coladero de los pases de favor pasaría a mejor vida, cualquier contrato con la televisión tendría que tener el visto bueno de la asociación, quien, además, negociaría los derechos que generara cualquier emisión, la ley de espectáculos se respetaría por encima de todo, la publicidad que consiguiera el Ayuntamiento por difundir el carnaval también tendría que repercutir en los artistas carnavalescos, las agrupaciones debían presentar documentación que asegurara que los decorados y atrezzos cumplían la ley… vamos, que lo poníamos todo boca arriba y eso, como que no. Además de mi familia, la comparsa fue la que más sufrió el acoso y derribo de aficionados, políticos, prensa, internautas e incluso compañeros de fatigas que nos deseaban un escarmiento público.

'Los templarios' dieron paso a una comparsa que significó, es lo que yo pienso, mi primer intento de hacer un teatro musical bajo el prisma del Carnaval. 'La milagrosa' fue el último de los nombres de una larga lista que siempre terminaba con 'Jeremías', 'La balada de Jeremías', 'El carromato de Jeremías', simplemente 'Jeremías' y todo porque siempre me venía a la cabeza la película en la que Robert Redford daba vida a Jeremías Johnson, el trampero que dirigió Sydney Pollack. Lo que sí estaba claro es que teníamos que representar al típico buhonero, estafador, embaucador, curalotodo, charlatán, vendedor de humo. Nos hacía falta, para que la gente entendiera el mensaje, un carromato que también yo diseñé y que confeccionaron Fali Vila y su padre. La decoración exterior del mismo, paneles que ilustraban una ciudad antigua que podía curarte cualquier dolencia con sus pociones milagrosas fue obra de Jesús Pino. Sólo dos cambios en las filas, Ricardo dejó su lugar a José Juan Pastrana en la instrumentación y Pedro Espinosa decidió no salir por motivos profesionales. Me habría gustado que el disfraz hubiera sido más rufián, época de Huckleberry Finn o tal vez más lejano oeste, ambientado quizás en películas como 'La leyenda de la ciudad sin nombre', con un abrigo que al abrirse mostrara una amplia gama de botellas, cachivaches, perfumes, lociones, ungüentos, aceites, pañuelos, pero no, lo único americano que reflejábamos eran unos pantalones muy al estilo de otra película, Gangs of New York, de Martin Scorsese, pero ya está. Ah, y unas gafas, eso sí. Ah, y un foulard, muy de la época, sí señor. Ah, y unos tirantes.

Los tres días de concurso, que no fueron más, salí a escena con ellos. ¡Quién me mandaba a mí meterme otra vez en la boca del lobo! No, esta vez no canté y sí, me hice el tipo, que días más tarde destrocé con mis propias manos; yo sólo abría las puertas del carromato y me dejaba ver, pero cada vez que lo hacía el público ya me estaba echando en cara los nuevos cambios del reglamento con bellos piropos gaditanos. Qué curioso, ahora el concurso se rige por unas normas que todos defienden y que resultan ser las mismas de las que abanderamos hace ya como diez años. Eso sin hablar del Museo del Carnaval, que también conseguimos que el proyecto se pusiera en marcha, pero es que el Alzheimer es lo que tiene, que no respeta ni siquiera a los carnavaleros.

Desde el primer día sabíamos que no simpatizábamos con el público, o mejor dicho que yo no simpatizaba con el público y que la comparsa y nuestras familias lo iban a sufrir. Aguantamos de todo, nos dijeron barbaridades, pero nuestra obligación era dar la cara y seguir cantando. Mucha gente, ahora que ya ha llovido lo suyo, me cuenta que 'La milagrosa' es de sus comparsas favoritas y que el popurrí era como una pequeña obra de teatro. A buenas horas… pero gracias. El día de los cuchillos largos, es decir la noche que determinaban quiénes pasaban a la final, me encontraba en casa de José Luis cenando y terminando dos cuplés para la finalísima. Pues bien, dijeron los nombres de las agrupaciones y nos quedamos esperando y esperando y esperando… no, no era una confusión, la comparsa se había quedado fuera de la final después de casi una década. Lo habían conseguido, nos habían castigado, a mí por intentar mejorar el concurso y a la comparsa por cantar las coplas de un niñato presuntuoso y engreído que se creía el rey del teatro Falla. Me fui para mi casa sin creérmelo, la gente era feliz sabiendo que nos habían guillotinado, de hecho, hubo un autor que descorchó una botella de champán en la plaza del Falla para brindar por mi fracaso; sí, es cierto, tan cierto como que años atrás ya me dejó caer que la había comprado y guardado en la nevera para que estuviera fresquita el día que me dejaran fuera de la final.

Lo que no sabe nadie es que yo, una semana antes de saber si pasábamos o no a la final, había escrito un pasodoble con el que me quería despedir de la fiesta. Mi intención era cantarlo el último día junto con un pasodoble dedicado a la alcaldesa de Cádiz. Ambos me los comí con patatas fritas pero ya por mi cabeza estaba presente la idea de abandonar el Carnaval: no quería seguir. Todo se rompía a mi alrededor y no podía hacer nada para evitarlo. Llegó el verano y con él un calvario que me costó una depresión. Lo único bueno de aquel año llegó en diciembre. Se llama Paula de Lirio, la niña de mis ojos y ya tiene siete años.

Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 30 de Enero de 2.008

Que Dios nos libre de los piratas

Los templarios. Tras el pelotazo del año anterior los aficionados se compraron lupas para buscarnos pequeños defectos l El jurado nos dio un tercero que nos supo a poco pero que nos mantenía arriba.


"Los templarios" consiguió el tercer premio en el concurso en una final de lo más atípica.

TRAS un pelotazo del calibre de 'Los piratas' los aficionados al Carnaval se apresuraron a comprar lupas con las que buscarnos pequeños defectos de cara a un nuevo concurso. Evidentemente, éramos unos privilegiados porque allí donde cantábamos los fans guardaban colas eternas para hacerse fotos, pedir autógrafos o rogar que los pasáramos a camerinos o nos lo lleváramos a Cádiz en el autobús, pero aguantábamos una presión que ríete tú de los Rollings. Durante el Carnaval de 'Los piratas' tuve la osadía de hacerme empresario y abrir al público una tienda en la calle Beato Diego de Cádiz, que bajo el nombre de Los duros antiguos ofrecía carnaval y artesanía. La tienda siempre estaba llena, el secreto era muy simple: en ningún otro lugar se vendían nuestros CDs, así que la exclusividad nos garantizaba la romería. El diseño del local también fue obra mía pero la confección corrió a cargo de un carpintero de ribera que construyó cuaderna a cuaderna un trozo de bajel a escala del Halifax, aquello era un barco en toda regla. El resto de la decoración corrió a cargo de Ras. Hace cinco años que me fui del Carnaval, los mismos años que hace desde que desaparecí de la tienda.

¿Dónde estábamos? ¡Ah, sí… la presión! Teníamos que volver y enganchar a la gente con la misma fuerza que el año anterior porque nos iba mucho en juego, a mí por lo menos, porque por más currículums que entregaba y por amigos que tenía en todo el amplio espectro gaditano sólo me quedaba el Carnaval para comer, vestir y calzar. No en vano, debo recordar que 'Los piratas' vendieron la nada despreciable cantidad de 40.000 CDs, que se dice pronto, pero por favor no multiplique alegremente, no vaya a ser que piense que me hice millonario con los derechos de autor, cosa que para mi desgracia no sucedió, qué más quisiera. Así que me planteé un tipo que fuera capaz de llenar el escenario y de paso recuperar una obra de Paco Alba, 'Las huestes de Don Nuño', que llevaba una música de pasodoble de lo más maravillosa. Como siempre, reunión con Ángel Zubiela y Jose Luis, para comunicarles mi parecer: "Este año vamos a escenificar las cruzadas con el disfraz de templario, de los guardianes del Templo de Salomón, el brazo armado de la Iglesia en aquella época". Mi pretensión era que cada uno representara un tipo de templario harto de luchar por sus ideas cristianas y vencidos por la guerra, pero tuvimos muchos problemas para la consecución del tipo. Queríamos ser tan fieles a la época que Ángel, Chicuelo, Paco Catalán y yo nos fuimos a Alcoy para comprar las mallas de los guerreros. Salimos una noche a las doce y llegamos a la puerta de una nave enorme a las nueve de la mañana. Lo peor fue ese momento en que el dueño del establecimiento, para que no supiéramos a cuánto nos iban a cobrar las prendas, hablaba con su hijo en valenciano alcoyano, en momentos concretos, la madre que los parió. Tuvimos unas palabritas con ellos, en español. Nos gastamos un dineral, hicimos una parada para comer, comprar lotería de Navidad y otra vez para Cádiz. El decorado también fue obra de Ras, llenaron el escenario de lanzas que representaban la verja del Parque Genovés y crearon unos escudos con símbolos de la ciudad, desde el viento hasta las Puertas de Tierra; cada componente era el guardián de un reino de la ciudad, de nuevo Antonio, Ricardo y Shano se lucieron.

Contamos con el mismo grupo vocal y artesano para darle vida a esta idea, sin embargo creo que algo se nos quedó en el tintero y todavía le sigo dando vueltas. Sí, ese año sí me hice el disfraz y canté en numerosas ocasiones con un grupo que se la volvía a jugar en el Falla. Los primeros días de ensayo tuvieron lugar en el club Caleta, al lado de las barquitas, un sitio mágico para ensayar y con mucho frío, también, también, y las noches de concurso nos habilitaron una habitación para que estuviéramos cómodos. A todos los miembros del club y en especial a Paco, muchas gracias por vuestro apoyo a mi comparsa. El árbol del Hospital de Mora nos arropó para hacernos innumerables fotografías vestidos de soldados de Dios. Estar tan cerca del Falla y en el mismo feudo de la musa de Paco Alba era para mí lo más importante. Los grandes especialistas del Carnaval consideran que la presentación de esta comparsa es histórica y yo, aunque pueda parecer pedante, les doy la razón. Dicha pieza la terminé una tarde en casa de José Luis y la canté como diez o doce veces porque se nos ponían los pelos de punta, había resumido el concurso en tres minutos y sabía que a la gente le iba a entusiasmar. Los pasodobles eran guerrilleros, como el tipo que los vestía, tan guerrilleros que uno de ellos daba una visión de Pemán que no contó con la aprobación de gran parte del público, que abucheó la letra. Volvíamos a tocar un tema tabú, gaditano, pero tabú. También hubo un pasodoble homenaje a Enrique Villegas, que ese año era pregonero de Cádiz con el mismo final que él utilizó para homenajear a Fletilla. Los cuplés se iniciaban con un romance y terminaban con un estribillo quizás más largo de lo normal en mí. El popurrí, sin embargo, contenía una pieza chirigotera cuartetera que rompió los esquemas del público, lástima, con lo que gusta hoy hacer esas cosas en la modalidad de comparsas para darle un poquito de frescura. Qué le vamos a hacer.

La noche de la final invité a ver la actuación de la comparsa a una Pasión Vega que jamás había venido a Cádiz en Carnaval. La canción de los arcos que había compuesto para el popurrít de 'Los templarios' sirvió para crear la canción Besos y besos del álbum cuyo single también fue mío, La vida en gris, y que obtuvo un Premio de la Música. Llegué a La Caleta esa noche con un gorro de lana. Me había afeitado la cabeza ¿porqué? Subliminalmente les estaba diciendo a mis componentes que los templarios no iban a la guerra tan limpios y tan bien afeitados, pero claro, era una apreciación mía. El jurado nos concedió un tercer premio que nos supo a poco pero que nos mantenía entre los más grandes otro año. El veredicto lo escuchamos en La Caleta. Cuando estábamos a punto de irnos del local me dio por mirar uno de los cuadros que adornaban la sala. Un componente me dijo: "¿Quién es" y yo contesté: "No te lo vas a creer, es Pemán". Acabó otro concurso y volvimos a patearnos la calle. Mi hijo vivió su primera cabalgata dormido en el cochecito mientras su padre trabajaba como comparsista a tiempo indefinido.

Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 29 de Enero de 2008

Los inmortales 'Busby Boys'

El miércoles se cumplen 50 años del accidente de avión en Múnich que costó la vida a ocho jugadores del Manchester United y rompió aquel mítico equipo de los Busby Boys, los chicos de Matt Busby, el técnico que sobrevivió y construyó otro United que conquistó la Copa de Europa en 1968. El Manchester honra a sus héroes.

Fugaces como son los grandes equipos, aquél murió casi antes de haber nacido. En realidad, fue un sueño de Matt Busby y sus muchachos, The Busby Boys, que, sobre un campo bombardeado por los alemanes, conquistaron primero el fútbol inglés y después prometieron disputarle la supremacía europea al Real Madrid. Compartían espíritu, juventud y talento. Repartían cartas y risas en el avión que los traía de vuelta a casa tras eliminar al Estrella Roja, en Belgrado, clasificados para las semifinales de la Copa de Europa, cuando pararon a repostar en Múnich. Al tercer intento de despegue, aquel vuelo 609 de la British European Airways se estrelló contra una casa a las 15.04 del 6 de febrero de 1958. El miércoles se cumplen 50 años.

El Manchester United rinde tributo esta semana a los 23 fallecidos, ocho de ellos futbolistas. Tommy Taylor, el delantero centro, de 26 años; Robert Byrne, lateral izquierdo y capitán, de 28; Geoff Bent, callado suplente, de 26; Mark Jones, mediocentro fumador de pipa, de 24; David Pegg, extremo, de 22, hijo de un minero de Yorkshire y que disfrutaba escuchando a Frank Sinatra junto a Liam Whelan, el interior de Dublín, de 22; Eddie Coleman, travieso interior derecho, de 21, y Duncan Edwards, el niño prodigio de 21, medio izquierdo, que murió desangrado 15 días después. Les arrancaron el corazón a los Busby Boys, aunque los supervivientes mantuvieron viva la memoria hasta hoy. El más célebre, Bobby Charlton, que era apenas una promesa de 20 años, ha pasado estos días por los colegios de Manchester contando a los niños lo que significó aquella época.

Los 50 fueron años de luz en Inglaterra en contraste con los oscuros 40 de la posguerra. La vida comenzaba a avanzar y a distanciarse de la cartilla de racionamiento y del mercado negro. Los más afortunados se compraban unas botas del extremo Stanley Matthews, la estrella del momento. Era el apogeo de James Dean en el cine y la música de Bill Haley con Rock around the clock. En Gran Bretaña triunfaban Tommy Steele y Frankie Lymon and The Teenagers. ¿El fútbol? Pesado y autocomplaciente, con los estadios llenos, si bien otra gran tragedia ya le había sacudido: el accidente aéreo de 1949 en el que murió todo el Torino.

Ferenc Puskas dio una lección a los inventores del juego. Hasta entonces, un delantero centro era un tipo poderoso que trataba de arrasar a los defensas. Los húngaros tuvieron una idea. Su 9, Nandor Hidegkuti, jugaba como un enlace con la media, abriendo espacios para sus compañeros de ataque, Puskas y Kocsis, e incorporándose por sorpresa al gol. Hungría ganó a Inglaterra por 3-6 en Wembley y después por 7-1 en Budapest, lo que obligó a replantearse las cosas en las islas. El Manchester United adoptó el estilo húngaro. Y el entrenador, Matt Busby (1904-1994), capitán de Escocia en su etapa de jugador, iba a impulsar lo mejor de la cantera nacional. Entre él y Stan Cullis, técnico del Wolverhampton, transformaron el fútbol inglés y lo acercaron al del resto de Europa. Su lema hizo fortuna: un jugador es lo bastante mayor siempre y cuando sea lo suficientemente bueno.

En 1955-56, el Manchester ganó la Liga con un juego entusiasta, poderoso y alegre, reconocido rápidamente en todo el país. E inspiró dos apodos legendarios: The Busby Boys y The Red Devils. Cuando Busby llegó al cargo, en 1945, se encontró con excelentes futbolistas y un campo maltrecho por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Busby era un hombre obsesionado con la necesidad de construir. Un purista. Le gustaba que los futbolistas se expresaran en el terreno. Tenía una mirada amplia y abierta. Quería abrir el Manchester al mundo.

De las cenizas de Múnich, Busby levantó el United a partir de tres supervivientes: Bobby Charlton, Harry Gregg y Bill Foulkes. Fichó, entre otros, a David Herd, Albert Quixhall y Dennis Law antes de descubrir, en 1964, al mayor artista norirlandés: George Best. Con ellos conquistó la Copa de Europa de 1968 al Benfica, en Wembley, el primer club inglés en lograrlo.

Claro que no todo el mérito fue de Busby. Su fiel asistente, James Murphy (1910-1989), asumió los mandos mientras el primer entrenador se recuperaba de graves heridas en las piernas en un hospital de Múnich. "Estaba completamente solo y tuve que rehacer un equipo", recordó Murphy; "fue importante coger futbolistas de fuera de Old Trafford, fuera del ambiente de muerte de Manchester y de toda la emoción". Trece días después de la tragedia, el Manchester disputó la Copa inglesa contra el Sheffield en su mítico estadio. Sesenta mil espectadores crearon un ambiente electrizante. Las alineaciones contenían once espacios en blanco en vez de los nombres de los jugadores. Los hinchas corearon los de los fallecidos. El United venció por 3-0. "Me dieron pena los chicos del Sheffield", dijo Charlton; "para los aficionados sólo había un equipo, el nuestro". Tres meses después, Busby presenció con muletas la final de la Copa perdida ante el Bolton (2-0). Todos cantaron ese día en Wembley Abide with me (Resiste junto a mí) cuando los jugadores salían del vestuario. Los chicos del United lucían un blasón en el pecho de sus camisetas, el emblema del ave Fénix renaciendo de sus cenizas. "Tras perder ante el Bolton, fue peor que nunca", evocó el defensa Foulkes; "al volver a Manchester, nos esperaban millones de personas".

De los tres equipos que levantó en 25 años en el United, Busby le explicó al periodista John Roberts, autor del libro The team that wouldn't die, cuál fue su preferido: "A los más viejos les puede gustar mi primer equipo, el que ganó la Copa de 1948. Otros prefieren el que precedió a la tragedia, los Babes. Y otros, por la magia de Charlton, Best y Law, dirán que el que conquistó la Copa de Europa de 1968, aun sin el lesionado Law. El de antes de Múnich fue potencialmente el mejor que he visto. Estaba a punto de arrebatarle la corona al Madrid".

"¿Eres tú, Jimmy? ¿El partido ante los Wolves es a las tres?", susurró Duncan Edwards, echado en la cama del hospital de Múnich, al recibir la visita de James Murphy. A pesar de las heridas mortales, Edwards pensaba en jugar ante el Wolverhampton. El volante izquierdo sólo jugó en Primera cuatro años, nueve meses y seis días, convirtiéndose en el James Dean del fútbol inglés. "Era tan bueno con la derecha como con la izquierda", lo describió Bobby Charlton; "podía meter un balón a 30 metros y era sólido en la defensa y bueno en el juego aéreo. Recuerdo una anécdota: en una semifinal ante el Chelsea, Murphy nos dijo que evitáramos la dependencia de Duncan. Que éramos un equipo sobrado de talento. Al llegar 0-0 al descanso, nos gritó: 'Pasadle a Duncan'. Ganamos el partido". Edwards fue también la debilidad de Busby, que lo comparaba con Best por la tranquilidad con que se tomaban los partidos. "Nada podía pararlo ni ponerle nervioso. Y tenía una frase talismán: 'Eh, chicos, no hemos venido aquí para nada".

A los 11 años, Duncan ya jugaba con chicos de 15 en el Dudley, el conjunto de su ciudad. A esa edad se lo llevó el Manchester United y lo hizo debutar en Primera a los 16 años y 184 días frente al Cardiff City. Ganó dos Ligas consecutivas y en 1957 llegó a las semifinales de la Copa de Europa, en las que cayó ante el Madrid de Di Stéfano. Por el camino logró resultados espectaculares: un 12-0 al Anderlecht o un 5-6 en el cómputo global ante el Athletic. Se estrenó con la selección a los 18 años y 183 días, registro sólo superado por Michael Owen en el Mundial de Francia 98. Debutó en la aplastante victoria ante Escocia (7-2) y causó sensación ante la Alemania que venía de proclamarse campeona del mundo en Suiza 54. Marcó cinco goles en 18 partidos internacionales.

El espíritu de Busby ha perdurado a lo largo del tiempo. El Manchester ganaría dos Ligas, 1965 y 1967, antes de iniciar un declive que acabó con el descenso en 1974. Resurgió ya con Alex Ferguson, otro escocés, en el banquillo desde 1986. Él también apostó por la juventud y consiguió casi un milagro: dar prioridad al fútbol en un club convertido en un negocio multimillonario.

Sus diablos rojos se vestirán el domingo como hace 50 años. Los números del 1 al 11, la camisa clásica roja, los pantalones blancos y las medias negras, con el cuello en forma de v en vez de la camiseta abotonada de la primera mitad de aquella década. Les espera el Manchester City en Old Trafford. Ese equipaje, que no será comercializado, es el que llevaban en Belgrado un día antes de la tragedia.

El mejor recuerdo para los inmortales Busby Boys.

Cayetano Ros, en El País

Pregón completo de Martínez Ares

martes, 5 de febrero de 2008

La ley Webster y sus consecuencias

Este post está extraído de la web "Notas de Fútbol", e intenta explicar como funciona la Ley Webster y a lo que se podría llegar en un futuro.

Todos recordamos lo que la ley Bosman significo para el mercado futbolístico europeo, en cuanto a libre mercado y a la desaparición de la figura del jugador extranjero tal y como la conocíamos. Pues un nuevo movimiento sísmico se augura en el futuro del mercado futbolístico. ¿La razón? La ley Webster, en homenaje al jugador escocés Andy Webster.

En el 2006, Andy Webster militaba en las filas del Hearts, y ya que había cubierto un ciclo dentro del equipo, más bien no llegó con el presidente del club a un acuerdo de renovación, decidió cambiar de aires. Ante eso, el club le presionó sin dejarle jugar e impidiendo su marcha. Dado el cariz que estaba tomando todo, el jugador buscó una salida, acogiéndose al artículo 17, apartado 1, del Reglamento sobre el Estatuto y el Traspaso de Jugadores de la FIFA, por el que al ser un jugador menor de 28 años y estar cumpliendo el tercer año de un contrato firmado por cinco, sólo tenía que abonar al club un dinero en compensación por incumplimiento del contrato (sería un porcentaje de lo firmado por las dos campañas que le quedaban de acuerdo al sueldo que cobraba). Obviamente el Hearts no estaba conforme con esa cantidad y buscó una resolución judicial, la Cámara de Disputas de la FIFA obligó a Andy Webster a pagar 625.000 libras. El jugador, como era de esperar, recurrió en el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) de Lausana, que le acaba de dar la razón condenándole a pagar 150.000 libras, correspondiente al valor residual del contrato laboral entre Webster y el Hearts.

¿Qué significa esto? Que a partir de este precedente los jugadores tienen la sartén por el mango, pudiendo decidir cómo y cuando romper la vinculación con su club.

La situación con la ley Webster quedaría de la siguiente forma: si un jugador menor de 28 años, firma un contrato por cinco años, el periodo de protección para el club abarcaría hasta los tres primeros años, si el jugador tratase de marcharse en ese periodo, quedaría inhabilitado por 4 meses y el club de destino sancionado sin poder comprar en los dos periodos de fichajes siguientes; si el jugador decide romper el contrato a partir del cuarto año, tendría que indemnizar a su club con una doble compensación, por la parte correspondiente a los dos años de contrato no cumplidos cuando se realizó la compra, y por los dos años que aún le quedarían pendientes de cumplir (la primera parte de esta regla quedaría anulada si se produce una renovación). En todos los casos, la compensación siempre iría relacionada con el dinero que estuviese cobrando el jugador por su sueldo.

¿Qué pasa si el jugador es mayor de 29 años? Qué solo tendría que pagar la parte correspondiente del sueldo que deja de ganar.

¿Qué supone esta ley? Que el mercado de fichajes quedaría patas arriba de un plumazo. Ya no se tendría que abonar cifras astronómicas por cada fichaje, y los jugadores verían sus ganancias más relacionadas con el importe que suelen poner los clubes por la carta de libertad de cada uno de ellos. Así, poniendo un ejemplo, ni Cristiano Ronaldo, ni Cesc, costarían más de 12 millones de libras el fichaje de cada uno en 2010. Esa es la implicación real de la ley Webster. La FIFA está muy molesta con esta situación, sobre todo en la idea de su defensa de los clubes más modestos para retener jugadores. Veremos como evoluciona todo, y como queda el maremoto que va a montar el fallo del TAS.

Errol Flynn embarrancó en La Caleta

Los piratas. Al principio, el grupo no confiaba en la idea pero poco a poco el ánimo filibustero se fue adueñando de nosotros l El nombre de la comparsa se debió a la cabezonería de Manolo Casal.


"Los piratas", que obtuvo el primer premio, durante una actuación en el Gran Teatro Falla.

NADIE en su sano juicio carnavalesco lo haría, como intuí al ver la cara que puso Ángel cuando le propuse crear una comparsa que se llamara Piratas, pero como sano, sano no estoy y juicio, juicio, tengo el suficiente como para ser persona humana normal, me quedé tan pancho cuando lo solté una tarde noche en el local de ensayo. A José Luis le encantó, sin embargo para Ángel y muchos componentes del grupo la idea era una auténtica barbaridad; recuerdo que alguno incluso exclamó: "Antonio, eso es un tipo más bien para una comparsa juvenil, ¿tú nos ves a nosotros vestidos de piratas?". Yo ante ese comentario agregué: "Este es un tipo de siempre, qué niño no se ha querido vestir de vaquero, de mosquetero o de pirata, por favor, hacedme caso, dejadme a mí". Tras un pequeño receso, el veredicto del grupo fue favorable y eso me contagió unas tremendas ganas de luchar por ese proyecto. Por entonces seguía trabajando en Cádiz Información, hasta que de pronto, un día, me dieron una carta en la que me comunicaban que tenía una quincena para abandonar el puesto. Esa mala noticia ponía en jaque otra muy buena, esperaba un hijo que nacería por noviembre y no tenía nada más que la comparsa para sobrevivir. Así que nada, en ese momento, al más puro estilo de Escarlata O'Hara, me juré que viviría de mis obras musicales, de mis creaciones, al fin y al cabo los fines de semana actuábamos por toda Andalucía y nos tendría que ir muy mal para no continuar en esa línea, el fracaso no existía y de los cobardes nunca se ha escrito nada. Manos a la obra, parado y padre en ciernes me puse el traje de faena. Me leí todo lo que a mis manos caía con relación al mundo de los piratas y además contaba con la ayuda inestimable de internet que multiplicaba por cien mil las posibilidades de encontrar relatos, bocetos, historias, cuentos, leyendas… en fin, el mundo de la piratería a mis pies, o a mis dedos, según se mirara. Un inciso, que la comparsa acabara llamándose Los piratas, se debe a la cabezonería de Manolo Casal, un carnavalero de pro que nos vio nacer artísticamente en El Puerto de Santa María.

Ángel se encargó una vez más de vestir a la comparsa y he de reconocer que en aquella ocasión lo clavó aunque, lógicamente, sudó sangre para calibrar todos los personajes que escenificaban aquella tropa de corsarios, y es que lo que parecía fácil, como siempre suele ocurrir, resulta al final lo más complicado. El año de El vapor mi hermano Juanma y yo nos quedamos petrificados, para bien, cuando vimos el tipo de una chirigota de Cádiz que se llamaba Mi viejo barrio, que representaba a los más famosos muñecos de Barrio Sésamo. Los creadores de esa obra de arte eran Antonio, Ricardo y Shano, tres chicos que ya firmaban sus trabajos con el seudónimo de Ras. Su taller se encontraba ubicado en un bajo de la calle Botica, en mi barrio de Santa María y allí me fui para hablar con ellos porque tuve el presentimiento de que podrían hacer el decorado perfecto para mi obra. Todas las tardes, cuando tenía ocasión, me pasaba por el taller y se me iban las horas viendo la capacidad de trabajo y la imaginación que transpiraban estos tres, por entonces, desconocidos. Ricardo y Shano Lores, hermanos de pensamiento, sangre y construcción se centraron en la confección del esqueleto del barco, o mejor dicho, de la proa de La Invencile, que así llamé a mi balandra, con tubos de pvc y Antonio se encargó de pintar los paños de goma espuma con los que forraron la embarcación. Si a esto le sumamos la calavera que fue nuestro siniestro mascarón de proa, la comparsa sólo tenía que cantar para enamorar al personal. Para darle más ambientación, además de utillería propia de un desembarco pirata en la playa de la Caleta, Ras hizo que pareciera que volara una gaviota de una bambalina a otra.

Y volvemos al tipo. La comparsa al principio no confiaba en la idea pero poco a poco el ánimo filibustero se fue adueñando de nosotros. Uno de los mejores disfraces, para mi gusto, fue el que se diseñó para José Luis, a lo Jhon Silver. No sólo le quedaba genial sino que además la muleta le servía para poder recuperar movilidad en su cadera porque años antes él y dos componentes más estuvieron a punto de morir en un accidente de tráfico cuando venían de Algeciras. José Luis y Chicuelo se llevaron la peor parte, de hecho el primero fue intervenido en varias ocasiones y todavía conserva secuelas. Paquito, que tocaba la caja, salió ileso pero durante unas semanas lució numerosas magulladuras. Ese accidente siempre estará presente en nuestras vidas para recordarnos que el Carnaval no vale nuestras vidas. Ese año hubo dos cambios, entraron en la formación Ricardo, hermano de Paco Catalán y Rafael, 'Rocky'. Chari Delgado seguía siendo nuestra costurera y el local de ensayo, gracias a Dios, volvía a ser el mismo. La comparsa impactó desde el primer día y se colocó de inmediato en los primeros puestos de todas las quinielas de los aficionados al Carnaval, pero ese año Tino Tovar y El cielo de Cádiz nos pisaba los talones. Debo decir que hice dos popurrises, ¿se dice así?. Una noche de ensayo Ángel me propuso cambiar el primer que monté porque la música no iba con la idea que llevábamos. "Hazlo entero tú, tú puedes", me dijo, y así lo hice; por primera vez todo lo había escrito y musicado yo y me sentía orgulloso. Por cierto, la presentación, a mi humilde opinión, al más puro estilo Disney. Javier Osuna resumió la idea en una frase mientras colaboraba con Canal Sur aquel año: "Parece que estemos viendo una película de Errol Flynn, de las que echan los sábados por la tarde".

Por mi cabeza rondaba, desde hacía tiempo, la idea de componer un pasodoble mostrando la desesperación de una mujer harta de sufrir malos tratos. El concepto estaba ahí pero no terminaba de cuajar, empezaba un pasodoble y nada, cuatro frases, y otro, y seis frases… pero nada me convencía. Y de pronto días antes de la final, fregando, yo que he sido y siempre seré un fiel seguidor de la copla, me puse a cantar por lo bajinis una muy antigua de Concha Piquer que en el estribillo sentenciaba: "Señor Sargento Ramírez, martirio me da un cristiano, y yo no quiero tomarme la justicia por mi mano". Con la manos llenas de mistol cogí el primer papel que encontré a mi alcance y empecé a escribir el pasodoble que titulé "Con permiso, buenas tardes". Llegó la hora del ensayo y cuando lo canté me di cuenta, cuando reparé en que más de uno estaba llorando, que ése era el pasodoble que nos daría el primer premio. Y así fue. Vivimos una final para el recuerdo, con un público que cantaba con nosotros el estribillo y luego diez meses actuando sin parar.

Mi hijo nació un 3 de noviembre con los ojos abiertos, llovía a mares, y yo sabía que bajo el brazo me traería algo bueno. El premio me daba igual yo sólo quería trabajar para darle de comer y el Carnaval me salvó, nos salvó la vida.

Articulo de Antonio Martinez Ares - Diario del Carnaval - 28 de Enero de 2008

¡Anarcosindicalismo libertario, por la vía dos!

El vapor. Manolo Peinado realizó una locomotora que era una obra de arte y que simbolizaba a Cádiz l Estaba obligado a hacerle un pasodoble a Antonio Martín, el autor que más me había marcado.


"El vapor", obtuvo el segundo premio pero conectó de una forma muy rápida con el público.

HOY toca repasar la historia. Para ello me remonto a 1812 para explicar el nacimiento de la comparsa 'El vapor'. Ahora que estamos un día sí y otro también escuchando todo lo bueno que nos va a traer el 2012, es una excelente ocasión para echar la vista atrás y entender lo grande que fuimos y cuánto nos deben los españoles, los que lo son y los que reniegan de ello, desde el Caño de Sancti-Petri hacia arriba. En las Cortes de 1812 se aprobó que Cuba era una provincia española más y dado el vínculo, ya no sólo marítimo, que existía entre los de allí y los de aquí, podemos lanzar la teoría de que el primer ferrocarril español fue tan cubano como gaditano. Concretamente el primer tramo de ese ferrocarril que se construía en España e Iberoamérica, que Cuba era española, no lo olvidemos, tuvo lugar en 1837, tramo comprendido entre La Habana y Güines, es decir, que ya abrimos el libro de los récords. Con esto chocamos frontalmente con la otra teoría que dice que el primer ferrocarril español nació en 1848 y circuló entre Barcelona y Mataró. Teniendo en cuenta todas estas cuestiones y sumando hechos tan relevantes como que Paco Alba había vivido frente a la vía del tren y que decir el vapor es decir Cádiz, medio de locomoción entre dos puntos, tenía la idea perfecta para una comparsa que además reivindicaría la falta de trabajo en la cuna de la libertad.

Yo sabía muy bien lo que quería y para ese trabajo concreto Ángel, Jose Luis y un servidor nos reunimos con Manolo Peinado para el atrezzo. Tenía que evitar por todos los medios que nuestro tren tuviera cualquier matiz americano, ya saben, el morro típico terminado en cuña, muy propio del lejano oeste y le presenté un boceto de una locomotora que tenía que ser Cádiz, tenía que verse la Catedral, la Fábrica de Tabacos, las Puertas de Tierra, una ciudad oxidada a la que le costaba trabajo arrancar. Manolo Peinado realizó una maravilla, una auténtica obra de arte que tenía que ser transportada en grúa cada vez que actuábamos en el Falla. También se confeccionó un forillo pero que yo recuerde no se pudo exponer en su totalidad porque la máquina dificultaba su ubicación. Para que la locomotora pudiera entrar en el escenario los chicos de la radio tenían que desmontar y volver a montar el set. Y además sacaban tiempo para ayudarnos al montaje. Qué verdad es que el concurso le debe a la radio toda su grandeza. Por cierto, y volviendo al 2012, yo soy uno de los que piensan que el edificio de La Aduana debería ser dinamitado, pero ya, para que se contemple la belleza de la antigua estación de trenes de Cádiz. Y otra anécdota, la mayoría de mis canciones no carnavalescas han sido compuestas en el tren. Cuando necesito desconectar o tengo trabajo que entregar compro un billete para Madrid o Barcelona y me pongo a escribir. Larga vida al tren.

El disfraz también estaba claro, ropa de trabajo, fácil y sobre todo, cómoda, pero para remarcar el sentimiento obrero había que utilizar simbolismos y por eso los pañuelos rojinegros con los que nos limpiábamos el sudor, los colores de la CNT, los colores de la bandera confederal, la misma con la que cubrieron los restos mortales de Fernando Fernán Gómez, los colores del anarcosindicalismo libertario. Ahí es nada.

Tras 'La trinchera' el grupo se sentía fuerte y con ganas de superar otro reto, así que como ya teníamos el traje de faena apropiado nos pusimos manos a la obra. Debo puntualizar una cosa, desde 'El brujo' la comparsa grababa por su cuenta, es decir, la producción era nuestra y la distribución también. Ese año Antonio Martín accedió a ser el pregonero del Carnaval de Cádiz, para muchos el máximo honor al que un carnavalero puede aspirar, además del antifaz de oro. Antonio no se contentó sólo con dar un magnífico pregón, sino que, además, volvía por sus fueros con 'Los buscavidas', otra barbaridad de comparsa. Yo soy de los que están convencidos de que el primer premio lo ganó, no se lo dieron por pregonar la fiesta.

En esta ocasión nos vestimos en el interior de una tienda en la calle de la Rosa donde trabajaba Edu. 'El vapor' llegó al público desde el primer día pero la lucha en el Falla con los de Martín era durísima. La presentación era un canto de trabajo que terminaba con el sonido del tren que poco a poco iba cogiendo un ritmo frenético acompañado por el sonido de los hierros, los raíles de la vía de Cádiz. Días antes de la final se planteó en el ensayo la posibilidad de hacer un pasodoble a la figura de Martín como comparsista y pregonero pero, claro, aquella letra que nunca se cantó pero que se filtró estaba en el ánimo de la gente, ¿pensarían que era una copla hecha con el corazón? ¿o tal vez, que era un pasodoble que buscaba el aplauso fácil para ganar al pregonero en la final? Tenía que hacerla con el corazón pensaran lo que pensaran, ganara o perdiera, además, era el momento oportuno para decirle que yo había crecido con sus coplas y que ya estaba harto de tanta guerra absurda. No puedo obviar que sabíamos que no se lo esperaría pero en el fondo estaba obligado a hacerle un pasodoble al autor que más me había marcado.

Hice dos estribillos, el que todo el mundo conoce y el que después recuperé para 'La niña de mis ojos', me acuerdo que empezaba de esta manera: "Vapor de agua, ay, son tus ojitos…". El principio del popurrí simulaba el pitido del tren a punto de salir de la estación, para ello versionamos la introducción de una canción que interpretaban Gema y Pavel. Inmediatamente después iniciábamos el trayecto con una pieza de Nacha Guevara. En el final del popurrí utilizábamos las palas para echar carbón y hacer que estallara la caldera de la locomotora, literalmente, claro. El punto y final, nuevamente el pitido del tren que terminaba su viaje en la estación, en la antigua estación. Lo de dinamitar la Aduana, ¿para cuándo?

Ganaron 'Los buscavidas', el pregón fue el que todos esperaban, Tino Tovar empujaba fuerte con su Botica, Quiñones se mantenía firme y nosotros estábamos contentos con lo que habíamos vuelto a conseguir. La gente ya se acostumbraba a vernos en la final pero cada año se nos complicaba el asunto, iba siendo hora de plantar un manzano, como le dije a Jose Luis años atrás. La comparsa actuaba prácticamente todos los fines de semana fuera cual fuera el premio, lo cual evidenciaba el buen momento de salud por el que pasaban tanto el como los aficionados, pese a los cambios. Llegó el verano y en mi cabeza ya estaba formada la nueva comparsa. Y hablando de cabeza, fue en Las Cabezas de San Juan, en Sevilla, donde me di cuenta que no existen las casualidades. Cantamos en una feria y una de las atracciones era un barco pirata. Era una señal.